Paco Segarra

El imperio británico. El padre Kolbe. El terror

No voy a escribir sobre lo de Bruselas porque tendría que escribir también sobre todos los crímenes de la humanidad y sobre todos los terrorismos: el de Colombia, el de Venezuela, el de Cuba, el de Corea del Norte, el de los Estados Unidos de América. Un terrorismo este último de tipo pirata, que empezó con Francis Drake y así ha seguido, hasta hoy, con Churchill y Harry Salomon Truman y el holocausto atómico japonés, o el genocidio de Dresde y Colonia, esas masacres. Viene a ser que lo que comenzó la sanguinaria Isabel I degollando católicos y lo siguieron todos, incluso Gladstone y Disraeli, continúa hoy con los gringos: no es otra cosa el imperio yanqui más que la continuación hortera y cutre del Imperio Británico, aquel que, por lo menos en la metrópoli, conservaba unas formas y unos modales y unas modas y una hipocresía tan bien llevada: el esclavismo, la homosexualidad, el bestialismo o la coprofagia quedaban, of course, fuera de los salones victorianos, mientras Wilde se volvía loco, un poco.

Opinión

El imperio británico. El padre Kolbe. El terror
Paco Segarra

Paco Segarra

Publicitario, escritor y empresario. Crea anuncios y colabora en varios medios.

No voy a escribir sobre lo de Bruselas porque tendría que escribir también sobre todos los crímenes de la humanidad y sobre todos los terrorismos: el de Colombia, el de Venezuela, el de Cuba, el de Corea del Norte, el de los Estados Unidos de América. Un terrorismo este último de tipo pirata, que empezó con Francis Drake y así ha seguido, hasta hoy, con Churchill y Harry Salomon Truman y el holocausto atómico japonés, o el genocidio de Dresde y Colonia, esas masacres. Viene a ser que lo que comenzó la sanguinaria Isabel I degollando católicos y lo siguieron todos, incluso Gladstone y Disraeli, continúa hoy con los gringos: no es otra cosa el imperio yanqui más que la continuación hortera y cutre del Imperio Británico, aquel que, por lo menos en la metrópoli, conservaba unas formas y unos modales y unas modas y una hipocresía tan bien llevada: el esclavismo, la homosexualidad, el bestialismo o la coprofagia quedaban, of course, fuera de los salones victorianos, mientras Wilde se volvía loco, un poco.

Que el Pentágono abra un centro de inteligencia en Inglaterra confirma que la capital del Imperio es Londres y no Washington, que es una mera colonia, aunque los yanquis no se lo crean.

Y hasta aquí he llegado porque estamos en Semana Santa y los muertos de Bélgica son menos que los colombianos o los venezolanos o los cristianos en Oriente; y San Maximiliano Kolbe, en los años 30, tan sangrientos, no habló nunca de política, ni de banalidades demoníacas, sino de la Vírgen y de Cristo. Y llegó a distribuir más de un millón de ejemplares de sus revistas y periódicos y tuvo la mayor imprenta del mundo. Y luego fue mártir y a lo mejor ha salvado a Truman y a Churchill del fuego del infierno, si es que los dos viejos masones han querido, claro.

El dolor nos acerca a la Pasión y nos limpia de mierda personal. Que estamos, digo, en Semana Santa y no en una estúpida semana de vacaciones. Recen, joder. Y pidan perdón.

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