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El infierno es Galapagar

Foto: Javier Lizon | EFE

Vistalegre 2 fue presentado como el congreso en que la pureza (Iglesias) había achantado a un Podemos (el de Errejón), que comenzaba a pervertirse en su flirteo con las estructuras parlamentarias. El riesgo de que éstas terminasen haciendo del partido una suerte de PSOE rejuvenecido aterraba al pablismo, ufano de la calle y su moralidad revolucionaria. Ojo con arrimarse demasiado al calor del sistema, argumentaban entonces oponiéndose al ala errejonista, no vaya a ser que acabe por quemarnos.

Cuentan de san Antonio, uno de los padres del desierto, que, ya a las puertas de la muerte, se le presentó el demonio para confesar su derrota: “He luchado contra ti durante años y has vencido, Antonio”. El anciano anacoreta había vivido una vida de incontables y abrumadoras penitencias, la menor de las cuales nos habría granjeado a cualquiera un palco de honor a la vera de San Pedro. Antonio, prudente y avezado, consciente de que reconocerse puro habría abierto una autopista hacia el abismo, levantando como pudo uno de sus párpados respondió balbuceando a Lucifer: “Todavía no, todavía no”. Porque de la pureza completa no se puede presumir hasta que, ya muerto el santo, huelga el alarde.

Iglesias y Montero han hecho negocio político del nimbo autoimpuesto. Acomodados en el lado del bien -es lo que tiene trazar tú la raya que te separa del mal-, han dado voz a la tendencia natural de esa España sartreana para la que el infierno siempre son los otros. Entre las Tarjetas Black y su inmaculada revolución no cabían los grises, ni los matices. Grises que ahora añoran  –lo vimos en su comparecencia conjunta– para poder explicar que en realidad tienen derecho a vivir en paz como cualquier otro semirico con gemelos. Y es que lo tienen, aunque no en el paraíso que ellos mismos habían diseñado: en ese estaban condenados a vivir en 40 metros.

Pero la vida es muy larga –lo sabía bien san Antonio– y un traspiés de 600.000€ puede llevar a la pareja a caerse del púlpito desde el que han venido predicando: “Lo personal es político” resultó ser un arma de doble filo. Ahora preguntan a sus bases, las cuales no tendrán más alternativa que mantenerlos en el cargo y así comulgar con la enésima rueda de molino –a muchos ya les supo a hiel que Irene fuera a la vez portavoza y manceba– o enviarlos a algún dantesco círculo -tiene su gracia– del infierno político.

 

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