José Carlos Rodríguez

El infierno será como Londres

Uno de los males de esta sociedad es el de una impúdica exhibición de tonterías sin número. Verbigracia, las estatuas londinenses dedicadas a Oliver Cromwell y a la Reina Victoria, la que recrea a Anteros y la erigida en memoria de Wiston Churchill amanecieron con mascarillas anticontaminación. Es un acto de propaganda de la organización oscurantista Greenpeace. Según reconoce su fundador Robert Hunter, “nosotros disparamos imágenes, en vez de misiles; bombas de tiempo mentales, transmitidas por la prensa mundial”; la prensa, ese gran aliado.

Opinión

El infierno será como Londres
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Uno de los males de esta sociedad es el de una impúdica exhibición de tonterías sin número. Verbigracia, las estatuas londinenses dedicadas a Oliver Cromwell y a la Reina Victoria, la que recrea a Anteros y la erigida en memoria de Wiston Churchill amanecieron con mascarillas anticontaminación. Es un acto de propaganda de la organización oscurantista Greenpeace. Según reconoce su fundador Robert Hunter, “nosotros disparamos imágenes, en vez de misiles; bombas de tiempo mentales, transmitidas por la prensa mundial”; la prensa, ese gran aliado.

Si bien como tontería es descomunal, como bomba mental poner una mascarilla a una mole de alabastro es más bien pequeña. Greenpeace siempre nos ha dicho que estamos al borde de la catástrofe, y siempre nos ha mentido. ¡Cómo no iban a tener de aliados a los medios, tan ávidos de contar mentiras! La polución es un problema grave, pero mucho menos ahora que en el pasado.

En 1285, Eduardo I, escandalizado por la contaminación de Londres, prohibió (sin efecto) la combustión de carbón. Un informe de 1700 recogía que la polución en la ciudad era tan espesa que no permitía el paso de los rayos del sol, y que bastaba caminar una milla para respirar aire puro y para calentarse con el amable influjo del sol del invierno. Cuatro décadas más tarde, un médico definía la ciudad como un lugar “en la que abunda tal montón de suciedad que cualquier salvaje lo observaría con asombro”. Y decía Percy Shelley que “el infierno debe de parecerse mucho a Londres; una ciudad populosa y contaminada”.

Todo ello cambió a partir de finales del XIX. Desde entonces somos tan ricos que hemos podido invertir en mejorar el medio ambiente, y la polución es hoy una mínima fracción de lo que fue. Para seguir mejorando tenemos que continuar con el capitalismo y mandar a Greenpeace al infierno del pasado.

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