Irene Cacabelos

El jardín de Cañete

Lo reconozco. Me apresuré al tachar de soporífera la campaña a las europeas. Nos quedaba mucho por ver y sobre todo por oír. Es lo bueno de las campañas, que son como montañas rusas, y de ésta más de uno se está deseando bajar.

Opinión

El jardín de Cañete

Lo reconozco. Me apresuré al tachar de soporífera la campaña a las europeas. Nos quedaba mucho por ver y sobre todo por oír. Es lo bueno de las campañas, que son como montañas rusas, y de ésta más de uno se está deseando bajar.

Lo reconozco. Me apresuré al tachar de soporífera la campaña a las europeas. Nos quedaba mucho por ver y sobre todo por oír. 

Es lo bueno de las campañas, que son como montañas rusas, y de ésta más de uno se está deseando bajar.

El «efecto Cañete» prometía. En una semana de precampaña consiguió elevar la moral de la tropa genovesa casi al mismo ritmo que sumía al PSOE en el desánimo.

Y entonces llegó el debate. Dicen los expertos que el exceso de confianza puede pasar factura al más pintado. Se la pasó a Felipe con Aznar y algo parecido le ha ocurrido a Cañete con Valenciano.

Los que menospreciaron a la «telefonista de Ferraz» tuvieron que replegar velas al ver como se merendaba, literalmente, al candidato popular. Le ganó en presencia, en discurso y en formas mientras que el ex-ministro de Agricultura intentaba a duras penas mantener firme la corbata y el semblante.

No lo consiguió, y esa misma noche empezaba de nuevo la campaña , al menos para los socialistas. Un chute de moral que necesitaban, casualidades del calendario, como agua de Mayo.

Pero lo mejor, o lo peor según se mire, estaba por llegar. Y tardó apenas doce horas. No contento con perder el debate, Cañete quiso explicar su derrota. Craso error. Las derrotas se asumen o se enmiendan en futuros combates pero jamás se intentan justificar porque uno corre el riesgo de meterse en un jardín. Y de los gordos.

Todavía anda Cañete intentando buscar la salida al suyo, tras asegurar que tuvo de ocultar su «superioridad intelectual» para no parecer «machista». Si ese era el objetivo, he de decir que ha fracasado estrepitosamente.

Un candidato no tiene que parecer un caballero ni todo lo contrario. Tiene que convencer e ilusionar a sus votantes. Y eso, no lo hizo ni en el debate ni en su explicación posterior.

En definitiva: que el PP ha dado munición al PSOE en el terreno que mejor domina y eso puede costarle muy caro. Lo bueno para los periodistas es que vuelve a haber partido , y la final se juega el próximo domingo.

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