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El lado oscuro del fútbol

Este es el lado oscuro del fútbol. Y ya es hora de que también a esta mangancia se le meta mano. Es muy necesario. Sin contemplaciones. Con justicia. Con todas las garantías procesales para los implicados, pero a saco.

En la imagen de Ruben Sprich el dirigente señala al fondo, con las siglas FIFA borrosas y el balón reluciente en primer plano. Al fondo está la salida. El escándalo de corrupción ha saltado ahora, no es el primero, pero es asunto que sabíamos o intuíamos todos. Blatter, y los Blatter de antes, han convertido el deporte más seguido del mundo en una sentina de podredumbre. En un negocio para beneficio multimillonario de unos pocos a costa del arte y/o el esfuerzo de quienes lo practican y de la cartera de quienes lo siguen con fervor en todos los rincones del mundo. Y deben tomar la puerta de salida y no volver. Y algunos terminarán entre rejas.

Esta redada que se ha puesto en marcha debiera llegar hasta el final. Debieran irse todos. Y tenemos derecho a conocer los detalles. Porque lo que sabemos es una minucia. No es lo que hayan trincado a cambio de votos para mantenerse en el machito. Eso es el chocolate del loro. Lo gordo, lo mollar, está en la organización de los grandes eventos y en la construcción de los estadios donde se celebran. Aquí, como casi siempre, aparecen grandes corporaciones con intereses en la construcción, las telecomunicaciones y esos business, grandes magnates de avión privado y hoteles de lujo, compañías incluidas, y todo lo que rodea ese submundo de podredumbre.

De una vez por todas debiera limpiarse a fondo el mundo del fútbol, un deporte maravilloso en el que un reducidísimo porcentaje de quienes lo practican, los mejores, viven a cuerpo de rey, pero en el que la mayoría de los jugadores son mileuristas que forman parte del circo sin beneficio alguno. El deporte rey que mueve masas de aficionados ajenos a la porquería que rodea cada evento. Que sostienen parte del espectáculo porque se evaden de las miserias de cada día con el espectáculo sin querer saber que por debajo de cada césped corren ríos de porquería.

Este es el lado oscuro del fútbol. Y ya es hora de que también a esta mangancia se le meta mano. Es muy necesario. Sin contemplaciones. Con justicia. Con todas las garantías procesales para los implicados, pero a saco. Las presiones a los investigadores van a ser inmensas. Espero que no cedan y lleguen hasta el final. Hemos de limpiarlo todo, y que corra el aire limpio. De una vez por todas. También en el fútbol.

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