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El liderazgo y las demandas políticas

Si fuera verdad que los dirigentes políticos han de atender las demandas de los ciudadanos, sin más, hoy deberíamos estar recordando con agradecimiento a Nevile Chamberlain por haber firmado los Acuerdos de Múnich con Hitler en 1938, y no celebrando a Churchill, que fue a la guerra contra el nazismo. Traumatizada por el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, la sociedad británica quería los pactos de 1938 y respiró aliviada cuando su primer ministro les anunció “la paz para nuestro tiempo”. Chamberlain justificó en la demanda social su firma: “son un símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no ir a la guerra uno contra otro nunca más”. El pueblo, en su anhelo comprensible, y debido a su capacidad limitada de análisis de una realidad convulsa, se equivocó. No todas las demandas políticas, por el hecho de serlo, deben ser atendidas.

Afortunadamente (y gracias, entre otros, a Churchill) vivimos tiempos post-épicos en Europa, algo de lo que, a juzgar por determinados discursos, no todos parecen haberse dado cuenta. Pero la cuestión de fondo no ha variado: por suerte, no hablamos de ir o no a la guerra entre nosotros, pero sí de seguir diciendo, a veces, que lo que pide “la gente”, “la mayoría”, es lo peor para el interés general y que no se aplicará. El caso del Brexit, tras la estampida de sus promotores, es un caso de libro sobre este hecho: un liderazgo fuerte, incontestado, natural, debería mantener a Reino Unido en la UE. Theresa May, que aparece en la foto, es una candidata a ello. Las democracias liberales no deben dejar en los extremismos la herramienta de la emotividad política, porque es la más eficaz. De nada sirve un incentivo sin un incentivador.

En el debate español, esta cuestión debe resolverse ya en el PSOE. En unos tiempos acelerados y cambiantes, un líder incontestado es urgente, política y electoralmente. En tanto un líder del PSOE no lo sea tras enfrentarse a Susana Díaz en un congreso, lo será interinamente. O lo es ella, o lo es otro (Sánchez, Madina, el que sea) tras enfrentarse a ella. Resuélvase, y pase el centro-izquierda de la autorreferencia y el periodismo político amarillo a lo esencial: a proponer reformas, a ofrecer seguridad y a orientar la opinión pública. Con liderazgo y pedagogía.

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