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El lujo de una gran pasión

"Me gusta la idea de que el lujo es al principio material, sobre todo para alguien que viene de un medio muy humilde, y que luego se va yendo hacia lo intangible"

Foto: Wikimedia Commons | Wikimedia Commons

En 1991 la escritora Annie Ernaux (Lillebonne, 1940) se despidió de una gran pasión, no necesariamente un gran amor. Él estaba casado, con otra, se entiende, y ella rondaba los cincuenta. Él era extranjero en Francia, un ejecutivo, o un político, alguien que podría ser cualquiera de los hombres que conducen un coche negro a cierta hora del día en ciertos bulevares de París. Ella estaba divorciada. Sus hijos ya eran adultos. Daba clases. Escribía libros. Él le pidió que no escriba un libro sobre él, cosa que ella más o menos cumple (“Me he limitado a expresar con palabras lo que su existencia, por sí sola, me ha dado”). El libro que escribió Annie Ernaux sobre esa relación es Pura pasión, publicado en 1993 y que ahora, al calor del redescubrimiento de Ernaux, ha reeditado Tusquets. El libro es el relato de una obsesión que le hace estar solo a medias cuando no está con su amante, como si la vida cuando no está con él no fuera más que un entretiempo pesado que se rellena rememorando el amor (o sea el sexo). La relación acaba –una relación así de intensa no puede sino acabar– cuando él vuelve a su país. Sin embargo, hay un reencuentro que coincide con el inicio de la guerra de Irak, “una guerra ‘limpia’ según la propaganda”: “El primer domingo de la guerra, por la noche, sonó el teléfono. La voz de A. Me paralicé de pavor. Repetía su nombre llorando”.

Ernaux es autora de un libro-tratado sobre los celos, La ocupación, y la película Declaración de guerra, de Valérie Donzelli, cuenta qué le pasa a la pareja cuando un hijo enferma de cáncer. La guerra del título de la película es la segunda guerra del Golfo. El amor como batalla tiene una larga tradición retórica, y es solo una de las posibles preguntas a cómo se ponen por escrito los grandes sentimientos.

Al final del libro, Ernaux escribe: “Cuando era niña, para mí el lujo eran los abrigos de pieles, los vestidos de noche y las mansiones a orillas del mar. Más adelante, creí que consistía en llevar una vida intelectual. Ahora me parece que consiste también en poder vivir una pasión por un hombre o una mujer”. Me gusta la idea de que el lujo es al principio material, sobre todo para alguien que viene de un medio muy humilde, y que luego se va yendo hacia lo intangible.

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