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El momento leninista

Pablo, has tenido tu oportunidad y la has perdido. Quisiste ser nuestro Allende, nuestro Hitler, y ahora te ves de gestor de un PCE hecho, literalmente, una hidra. Eres uno más en la larga lista de líderes aspirantes a caudillos. Los nombres que has leído y que han llevado tu imaginación a verte como protagonista de la historia futura, los Lenin, Mao, Pol Pot, Castro, Chavez… son ahora el recuerdo de lo que no has llegado a ser.

Nos contaste tus intimidades políticas. Lo hiciste porque tu chulería siempre se impone a tu prudencia. Fue en Bolivia. (¿Llegaste a visitar el Chapare? Venga, cuéntanoslo). Lo que nos dijiste en el auditorio del Banco Central fue que la crisis económica, devenida en crisis política e institucional, fue vuestra oportunidad. Que había llegado “el momento leninista”, la fruta estaba madura, podrida ya, a la espera de que un líder carismático la arrancase del árbol. ¿Cuántas veces has aprovechado ese “momento leninista” en tu imaginación?

Tu formación, de la que tanto presumes, es el dominio la de un instrumento falaz y fracasado, como es el marxismo, con unos cuantos adornos. Tienes, por tanto, el valor de un linotipista. Como mal marxista, has aprendido a colocar al líder, que eres tú, en la culminación del proceso histórico que habrá de conducir inexorablemente a la victoria de los trabajadores. Perdón, del pueblo. Quiero decir, de la gente. Nos lo has dicho horas antes de fracasar en las urnas: Vas a ser presidente del gobierno, antes o después. No has tenido en cuenta que el marxismo, y el historicismo, son un fraude. Que no tienen más sustento científico que los horóscopos o las encuestas que te situaban ya en la Moncloa, aupado por el PSOE.

Tú has construido tu personaje. Has sacado al revolucionario que llevas dentro, o lo has escondido, según las necesidades del momento. Te has plegado a la democracia, “tan poco erótica, tan poco épica”, tú, que ibas a ser nuestro caudillo hacia el socialismo. Has hecho cuanto estaba en tu mano, y no ha sido suficiente. Has recurrido a la verdad revolucionaria, que es como llamáis a la mentira, cuando dijiste que no eras comunista. Aunque, según tus propias palabras en Bolivia, esto último podría ser cierto, ya que “uno no es comunista por lo que lee, no es comunista por lo que dice, es comunista por lo que consigue”. Y tú, Pablo, no has conseguido nada.

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