Emiliana Duarte

El monopolio de la desvergüenza

El régimen venezolano es monopolista. Posee el monopolio del uso de la violencia y el monopolio de la información.

Opinión

El monopolio de la desvergüenza

El régimen venezolano es monopolista. Posee el monopolio del uso de la violencia y el monopolio de la información.

El régimen venezolano es monopolista. Posee el monopolio del uso de la violencia y el monopolio de la difusión de información.

El 12 de febrero, día de la Juventud, el gobierno de Nicolás Maduro ocultó su percibida fragilidad tras un grotesco despliegue de sus poderes para someter manifestaciones estudiantiles pacíficas en todo el país.

La violencia fue ejercida por grupos paramilitares, armados y financiados por el gobierno, que operan con brutal impunidad como su brazo represor. Ante la total ausencia de fuerzas de seguridad pública, y el silencio de las autoridades, los colectivos motorizados aterrorizaron al grupo de estudiantes en protesta, dejando como saldo 3 muertes y más de 60 heridos.

Las manchas de sangre inocente en la calle solo vieron la luz pública vía redes sociales, pues el gobierno también se encargó de silenciar cualquier intento de transmitir los hechos noticiosos, prefiriendo más bien inundar su poderoso aparato comunicacional con programas de cocina y shows de farándula pop.

Ah, ¿que existe un medio colombiano que está cubriendo las protestas en vivo? Pues eso es fácilmente remediable si eres el gobierno de Maduro: simplemente lo sacas del aire y ya.

Este ejercicio de dominación no estaría completo sin la monumental demostración de cinismo que sólo es posible llevar a cabo con seriedad luego de alcanzar un cierto nivel en el espectro sociópata: culpar a los indefensos estudiantes de haber provocado sus muertes, al enfrentarse a matones con fusiles que reprimían su protesta pacífica, cuyo motivo era precisamente… acabar con el hampa que le roba la vida a los jóvenes venezolanos.

A esta dupla de monopolios, no me queda más que agregar un tercero: El régimen venezolano posee el monopolio de la desvergüenza total.

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Guillermo Garabito

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«A uno le gusta el interior de los hoteles como le gusta el interior de las historias. Por ellos va pasando la vida y sólo se necesita estar ahí, desayunando o merendando, para tomar nota»

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