Kiko Mendez-Monasterio

El Mundial de Brasil

Temen los brasileños que, entre tanta corrupción y despilfarro, los políticos no dejen ni la Copa del Mundo. Si lo ven muy mal, podemos mandarle a alguien de la Junta de Andalucía.

Opinión

El Mundial de Brasil

Temen los brasileños que, entre tanta corrupción y despilfarro, los políticos no dejen ni la Copa del Mundo. Si lo ven muy mal, podemos mandarle a alguien de la Junta de Andalucía.

Existió un jerezano singular que le puso un piso a su mujer y metió en casa a la amante. La historia se hizo bastante célebre porque fue antes de que existiera la ley del divorcio, que consiste básicamente en eso mismo pero sin la gracia gaditana. En realidad, cuando la política legisla sobre los hogares se pierde el humor, el romanticismo y un porcentaje importante de ganas de vivir. Lo mismo sucede con el deporte, que puede ser un espectáculo delicioso siempre que no se empeñen los políticos en figurar, y en fotografiarse con Iniesta, como si sus leyes hubiesen ayudado en algo a meter ese gol contra Holanda, o como si se pudiese ganar un partido llenándolo de frases huecas. Un partido de fútbol, me refiero, los otros ya sé que sí.

Lo mejor de los mundiales es que por un tiempo no te representa en el orbe Margallo el campechano, ni ningún otro político, sino un puñado de jóvenes de arrogancia disculpable, porque son los únicos de España a quienes se les critica por acudir a una discoteca. Puede que sean excesivamente millonarios, pero es que nadie renuncia gratis a la edad del botellón. Además proceden de todos los rincones del imperio, y así es más fácil sentirse representado y recordar, a la vez, que los españoles son muy capaces cuando se ponen de acuerdo.

Vamos al Mundial de Brasil con cierta vocación de maracanazo, pero por lo visto allí tienen otras preocupaciones, distintas de ganar en un deporte del que hablan como si lo hubieran inventado ellos. Temen los brasileños que, entre tanta corrupción y despilfarro, los políticos no dejen ni la Copa del Mundo, que acaben llevándoselo todo. No debieran inquietarse pero, si lo ven muy mal, además de la Selección para ganarles podemos mandarle también a alguien de la Junta de Andalucía, para que aporte experiencia, que allí hace treinta y tantos años que de lo público se llevan hasta las bombillas y, sin embargo, nunca ha dejado de iluminarse la Feria de Sevilla.

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