THE OBJECTIVE
Monica F.-Aceytuno

El olinguito

Tal vez nos oliera hace tiempo porque este olinguito (Bassaricyon neblina) recién descubierto por la ciencia pero no por la vida ya que lleva sobre la Tierra más tiempo que nosotros, tiene que tener el buen olfato de un turón, al que tanto me recuerda por las orejas pequeñas y redondeadas.

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El olinguito

Tal vez nos oliera hace tiempo porque este olinguito (Bassaricyon neblina) recién descubierto por la ciencia pero no por la vida ya que lleva sobre la Tierra más tiempo que nosotros, tiene que tener el buen olfato de un turón, al que tanto me recuerda por las orejas pequeñas y redondeadas.

Lo que más me llama la atención del olinguito, es esa mirada, de no habernos visto.

Tal vez nos oliera hace tiempo porque este olinguito (Bassaricyon neblina) recién descubierto por la ciencia pero no por la vida ya que lleva sobre la Tierra más tiempo que nosotros, tiene que tener el buen olfato de un turón, al que tanto me recuerda por las orejas pequeñas y redondeadas, y por pesar ambos mamíferos carnívoros tan sólo un kilogramo.

Se ha comentado que es llamativo que su descubridor, K. Helgen, viera antes al olinguito en un museo que en su bosque de nieblas andino, pero es que es así como vemos a los animales primero. He vivido veinte años en una aldea y antes vi a una gineta sobre la chimenea de “El Moderno”, nuestro extraordinario restaurante, que años después de noche en la carretera, a la gineta deslumbrada por los faros de mi coche, completamente inmóvil, queriendo ver con sus grandes orejas, y oír con sus ojos de pupilas verticales.

También al armiño lo vi primero disecado, asombrada por el pequeñísimo tamaño de este mamífero carnívoro de sólo trescientos gramos que orlaba los mantos de los reyes, blancos y con unas pintas negras que, luego supe, se corresponden con el pincel de la cola. Por eso, al armiño, en realidad, lo vi primero en los cuentos.

Sobrevolé hace unas semanas la zona donde vive el olinguito, la reserva ecuatoriana de Otonga, en Cotopaxi, entre Quito y Guayaquil. Desde el aire, esos pocos bosques de nieblas que aún nos quedan, son como islas entre los cultivos y montes desforestados donde, para mi tristeza, divisé algunos eucaliptos, ese árbol que parece dispersarse sin problemas por todo el mundo sustituyendo a la vegetación original.

Hoy hemos celebrado, centrado en las islas, el Día Internacional de la Diversidad Biológica 2014.

En un bosque subtropical, milagrosamente aún sin talar, vive el olinguito, haciéndonos ver que aún pueden quedar por descubrir especies nuevas de mamíferos en esas islas a la deriva que son las trizas del Paraíso.

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