Antonio García Maldonado

El ominoso silencio de la «voz austera»

«Tan escandalosa resuena la contradicción que somos muchos los que esperamos sus declaraciones y confiamos en que todo resulte en un malentendido»

Opinión

El ominoso silencio de la «voz austera»
Foto: Michael Dwyer| AP
Antonio García Maldonado

Antonio García Maldonado

Edito, traduzco, analizo y escribo. Aspiro a un estoicismo beckettiano: "Fracasa de nuevo, fracasa mejor". Sureño.

Hace unas semanas, el jurado del Premio Nobel de Literatura concedía el galardón a la estadounidense Louise Glück por «su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual». No fueron pocos los que, instintivamente, mostraron su alegría por la editorial valenciana Pre-Textos, que había publicado la obra de la autora con el preciosismo y el cuidado habituales. En esas primeras horas nos enteramos, además, de que fue la propia Glück la que, admirada por la belleza de un libro de la editorial, hace años mostró su interés en ser publicada por ellos. Se dio la feliz coincidencia de que Pre-Textos, a su vez, ya estaba interesada en su poesía. Un encuentro fecundo que ha derivado en la publicación de una serie de libros que, pese a todo, han resultado en discretas pérdidas económicas para el sello.

Sin embargo, esta trayectoria y esa fidelidad no ha resultado suficiente ahora que Glück ha ganado el Nobel. Su agente literario, la Agencia Wylie, no sólo ha retirado los derechos de publicación a Pre-Textos –algo habitual y, además, razonable dada su imposibilidad de competir en anticipos y regalías con grandes grupos–, sino que ha exigido que la editorial destruya todos los ejemplares que tiene de los libros de Glück. No se concede, ni siquiera, la posibilidad de la compensación económica última, ni una despedida digna de la relación previa. No ha ocurrido lo mismo que hemos visto con otro Nobel, Albert Camus, cuyos derechos pasarán a Penguin Random House en enero 2021, pero cuyas míticas ediciones ha podido seguir vendiendo Alianza durante un tiempo razonable y a un precio más que atractivo, dada la necesidad de deshacerse pronto de esos ejemplares.

Según contaba el editor, Manuel Borrás, en una entrevista en El Confidencial, la agencia literaria se ha dirigido a ellos con formas y métodos agresivos y manipulando a posteriori con un memorial de agravios una relación de la que nadie había tenido queja hasta ahora. Una historia bien triste que muestra las debilidades intrínsecas de las editoriales pequeñas e independientes en determinados contextos y momentos, pero también su grandeza en otros –al fin y al cabo, son ellos los que nos descubrieron a Glück–. Todos conocemos las pequeñas miserias del negocio, y es algo que conviene aceptar con deportividad en un sector en el que no abunda el dinero, en la medida en que no lo hacen los lectores. Es un milagro que habla muy bien de España que tengamos un ecosistema editorial tan diverso y tan bueno, tanto en las editoriales pequeñas y medianas como en los sellos y grupos grandes. Con márgenes y ventas escasos, es necesario ser indulgentes con ciertos premios y liturgias que ayudan a las editoriales a vivir y, por tanto, a poder editar libros más arriesgados o con mejor público potencial. Hay poco que juzgar a este respecto, también en el papel jugado por la agencia de Glück, que seguramente cree hacer lo mejor para los intereses de su representada, aunque desde aquí se juzgue una estrategia contraproducente.

Distinto es el lugar que ocupa la propia Glück en todo esto. Un Premio Nobel de Literatura no tiene una necesidad económica acuciante que vaya a cambiar dando el salto a otro sello –Pre-textos tiene, además, una distribución muy eficaz–, y resulta difícil ver la necesidad de transigir con una decisión tan objetivamente dolorosa e injusta a ojos –y bolsillos– de sus fieles editores de España. Y, de nuevo, se plantea el debate entre la coherencia ética de un autor o autora y su obra. Sí, ya sé que Céline era nazi y escribió Viaje al final de la noche, como tantas otras malas personas que son grandes artistas, pero tampoco ellos habían hecho una celebración de la vida austera y sencilla como sí ha hecho Glück. Tan escandalosa resuena la contradicción que somos muchos los que esperamos sus declaraciones y confiamos en que todo resulte en un malentendido. Si no, eso de que la literatura sirve para conocer las simas del alma humana habrá quedado acreditado de la mano de un premio como el Nobel: porque más bajo es difícil caer.

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