Gabriel González-Andrio

El padre del novio

Al parecer la idea nació del padre del impronunciable Üzümcüoglu, quien dijo al diario Serhat Kilis que espera que “si Dios quiere, esto llevará a otros a compartir sus fiestas de bodas con sus hermanos sirios”. Esto es un corazón gigante y lo demás son sueños quiméricos.

Opinión

El padre del novio

Al parecer la idea nació del padre del impronunciable Üzümcüoglu, quien dijo al diario Serhat Kilis que espera que “si Dios quiere, esto llevará a otros a compartir sus fiestas de bodas con sus hermanos sirios”. Esto es un corazón gigante y lo demás son sueños quiméricos.

Hay noticias que merecen pasar a la lista de los mejores guiones de Hollywood. Historias que nos hacen ver que no siempre vence el mal. En este caso, la realidad volvió a superar a la ficción y pronto veremos aquello de “esta película está basada en hechos reales”.

Fethullah Üzümcüoglu y Esra Polat son dos jóvenes turcos que se casaron el 30 de julio en Kilis, cerca de la frontera con Siria, país del cual cuatro millones de personas han huido por la guerra, la mitad están refugiados en Turquía. Ante esta realidad, la pareja decidió invitar a la fiesta de bodas a cuatro mil de estos refugiados y ayudar a servirles la comida.

No es que suene evangélico, es que lo es en estado puro. Pero lo sorprendente es que esta joven pareja vuelve a experimentar aquello de que cuando das sin medida siempre recibes mucho más. “Ver la felicidad en los ojos de los niños refugiados sirios no tiene precio. Hemos comenzado nuestra jornada a la felicidad haciendo felices a otros y eso es un gran sentimiento”, espetó un sonriente novio.

Al parecer la idea nació del padre del impronunciable Üzümcüoglu, quien dijo al diario Serhat Kilis que espera que “si Dios quiere, esto llevará a otros a compartir sus fiestas de bodas con sus hermanos sirios”. Esto es un corazón gigante y lo demás son sueños quiméricos.

El padre del novio también dijo que estaba complacido con que la pareja comience una nueva vida “con una acción tan desprendida” (¡toma ya!). En ese sentido, el hijo dijo que sus amigos se sintieron inspirados y esperan hacer lo mismo cuando se casen.

Y ustedes dirán, ¿y la novia qué dijo ante semejante locura? Pues Esra Polat, dijo que tras dudar y quedar sorprendida por tan ‘excéntrica’ propuesta se siente “feliz de haber tenido la oportunidad de compartir nuestra comida de bodas con gente realmente necesitada”.

La guinda del pastel es que la pareja donó el dinero que le dieron sus familias para poder ofrecer la comida a los refugiados que viven dentro y fuera de Kilis.

Necesitamos más padres como el de este novio.

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