Pilar Cernuda

El pato cojo

Llaman así en Estados Unidos al presidente al que le faltan meses para cumplir su segundo mandato y por tanto le ningunean hasta los suyos porque saben que se acaba su periodo de poder. Su gobierno no presenta iniciativas polémicas para no salir de la Casa Blanca por la puerta de atrás y está más pendientes de organizar su futuro que su presente. En España tenemos hoy otro modelo de pato cojo: el del presidente que no puede cumplir ni uno solo de sus compromisos porque no cuenta con el apoyo necesario...

Opinión

El pato cojo
Foto: Manu Fernandez| Reuters
Pilar Cernuda

Pilar Cernuda

Periodista, vivió la Transición desde el ruedo, no la barrera, y su escepticismo respecto a la clase política actual –con excepciones- es inconmensurable. Y se le nota.

Llaman así en Estados Unidos al presidente al que le faltan meses para cumplir su segundo mandato y por tanto le ningunean hasta los suyos porque saben que se acaba su periodo de poder. Su gobierno no presenta iniciativas polémicas para no salir de la Casa Blanca por la puerta de atrás y está más pendientes de organizar su futuro que su presente.

En España tenemos hoy otro modelo de pato cojo: el del presidente que no puede cumplir ni uno solo de sus compromisos porque no cuenta con el apoyo necesario, el jefe de gobierno que se inventa propuestas que provocan enorme crispación para que así parezca que hay alguien en Moncloa que toma decisiones importantes y, lo que es peor, el presidente que está en manos de los partidos más antiespañoles que se puedan imaginar y a los que, sin embargo, baila el agua porque en caso contrario ya puede ir preparando las maletas.

Baila el agua a los independentistas manteniendo mesas de diálogo sobre no se sabe qué ni con qué objetivo, porque no se ve la menor señal de que Puigdemont y los suyos cambien de rumbo sino todo lo contrario. Permite que Pablo Iglesias se convierta en su hombre de confianza y mensajero especial aunque Moncloa niegue que negocie en su nombre. De qué iba a recibir Urkullu al líder de Podemos si no fuera porque le considera mensajero del presidente…

Mantiene Sánchez en su cargo a una ministra de Justicia, nada menos que de Justicia, que ha mentido, por no hablar de los ordinarios y machistas comentarios que ha hecho en conversación con el rey de las cloacas. No se inmuta cuando miembros de su equipo hacen declaraciones que suponen una injerencia inadmisible en las competencia de los jueces, reacciona tarde cuando sus socios independentistas apoyan una declaración en contra del rey y a favor de la abolición de la monarquía, y ni reacciona cuando su también socio Alberto Garzón anuncia una gira por España para que los ayuntamientos se pronuncien a favor de la República.

A todo ello hay que sumar preocupantes datos económicos, aunque Sánchez – como hace con el CIS- convierte lo malo en bueno y su gente presenta la EPA como signo de recuperación de empleo cuando indica lo contrario.

El problema de España respecto a Estados Unidos es que al pato cojo de Moncloa no se le conoce fecha concreta de salida.

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