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El pluralismo como opción

Foto: ALBERT GEA | Reuters

La pluralidad es un hecho indiscutible en las sociedades contemporáneas, pero el pluralismo no. Puede, de hecho, darse el caso de que una sociedad sea plural sin ser pluralista. El pluralismo es una opción que debería penetrar las categorías morales propias del ordenamiento liberal-democrático. Porque el pluralismo es, en realidad, una lectura positiva de la pluralidad inherente a toda sociedad y, muy especialmente, a cómo ésta se puede ordenar políticamente. Hemos aprendido que reconocer la diversidad de concepciones morales, políticas o religiosas de los individuos – y de los colectivos que estos conforman- enriquecen nuestro espacio público. Nos ha costado mucho aprender la lección y, lo vamos comprendiendo, no es un logro ni mucho menos irreversible.

Al contrario, aunque nadie está dispuesto a reconocerlo, la tentación de construir sociedades cerradas, en las que la pertenencia a un determinado grupo étnico, religioso, político-ideológico o nacional es prefigurada como la identidad más relevante. Esto tiene sus efectos en cuestiones centrales, como el reparto del poder político, la participación en la esfera pública, la práctica movilizadora y simbólica o el ejercicio de la libertad de expresión. El pluralismo es la única opción que tenemos frente a esta impulso que tiende a la hegemonía y a la imposición. Porque el pluralismo solamente funciona cuando los cleavages, las líneas de división, se neutralizan y frenan por múltiples afiliaciones o lealtades.

La opción pluralista debe alimentar el discurso, las políticas de identidad y memoria de las instituciones públicas o las formas de expresión y comportamiento de los partidos políticos y de la sociedad civil. Estas semanas nos están demostrando que en Cataluña el pluralismo ha dejado de ser una opción. Más allá de lo que suceda de aquí al 1-0, parece claro que el pluralismo, el elemento central en las democracias liberales, no es un opción por el momento en la agenda parlamentaria. Les guste o no a los independentistas, el referéndum no resolverá los problemas políticos de un territorio tan plural como diversa. Hace tiempo, el gobierno tomó la iniciativa de cuartear aún más una sociedad que se encuentra en un callejón sin salida, donde la mayoría parece no ser tan mayoritaria, ni la minoría tan minoritaria.

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