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El precio de una guerra

Noticias como el compromiso de alto el fuego alcanzado en la cumbre de Minsk esta semana, no pueden sino despertar esperanza a cualquiera que entienda que la guerra es la mayor fuente de sufrimiento para un ser humano

Siendo conscientes de que aún hay muchas cosas que aprender para alcanzar una paz duradera en el mundo, noticias como el compromiso de alto el fuego alcanzado en la cumbre de Minsk esta semana, no pueden sino despertar esperanza a cualquiera que entienda que la guerra es la mayor fuente de sufrimiento para un ser humano. Esto, a pesar de lo frágiles que suelen ser estos acuerdos.

Además de los posibles daños físicos, una persona que se ve envuelta en un conflicto bélico desarrolla un estado mental de estrés permanente. Por otro lado, los conflictos psicológicos suelen emerger con mayor fuerza cuando la posibilidad de perder la vida se empieza a ver menos probable (cuando están en retaguardia, los soldados padecen más trastornos psicológicos y lesiones psicosomáticas que cuando están en el frente). La situación de los refugiados, excombatientes y desplazados, y lo sabemos por experiencia directa, no es mejor. Y si a todo esto le añadimos que en los conflictos bélicos “modernos” (el eufemismo es vergonzoso) más del ochenta por ciento de las víctimas son civiles..., el daño psicológico de un conflicto bélico es indescriptible.

Los hechos acaecidos no se pueden cambiar, las experiencias vividas no se pueden borrar. A pesar de todo, no tiene por qué ser un trauma de por vida. La herida psicológica sí se puede sanar, si se sabe bien cómo. Todo sufrimiento psicológico, por grave que sea, tiene solución. En estos casos, la persona tendrá que comprender y afrontar adecuadamente los aspectos más importantes de la vida de un ser humano, aspectos como el sentido de la vida, el sufrimiento, la condición humana y la muerte.

Con todo, no podemos evitar preguntarnos, siendo la guerra la situación en la que pueden darse todas las circunstancias de mayor sufrimiento para un ser humano, simultáneamente y continuadas en el tiempo, ¿quién cree hoy en día que se puede lograr la paz matando? ¿no se dan cuenta, dirigentes o combatientes, del alto precio psicológico que les supone participar en una guerra?

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