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El protocolo de los sabios antisionistas

Ken Loach no es famoso por sus opiniones matizadas. Sus películas suelen ser siempre maniqueas, un bien virtuoso y perfecto contra un mal horrible y perfectamente identificado. Por eso no sorprende el artículo que ha escrito el cineasta británico en The Independent contra la banda Radiohead. Les acusa de blanquear el “apartheid” israelí al actuar en Tel Aviv. Para Loach, la decisión está clara: o estás con los oprimidos o con los opresores. Para los que no vemos el mundo con ese simplismo, el boicot cultural a Israel es una idea estúpida. Suele ser contraproducente, porque ataca a personalidades favorables a la paz y a la reconciliación. Es un acto narcisista e inefectivo que solo favorece a la derecha nacionalista israelí, siempre fomentando la idea del victimismo y de la amenaza exterior. Y suele coquetear con el antisemitismo: muchos antisemitas se esconden tras el concepto antisionismo. Los antisemitas vestidos de antisionistas confunden a todos los judíos con Israel. Loach, como muchos activistas anti-Israel, confunde el gobierno de Israel, y sus políticas, con todos los habitantes de Israel.

La respuesta de Radiohead sí hace distinciones: “Tocar en un país no es lo mismo que aprobar su gobierno.” Y en una entrevista con la revista Rolling Stone, el cantante Thom Yorke dijo: “Es profundamente irrespetuoso asumir que o bien estamos desinformados o somos tan retrasados que no somos capaces de tomar decisiones nosotros mismos.” Israel es una democracia llena de errores y problemas con los derechos humanos. Pero es también un país tolerante y abierto, cosmopolita y progresista. El boicot no sirve más que para reforzar su aislamiento: es un país rodeado de regímenes que quieren acabar con su existencia. Lo que los progresistas del mundo han de hacer es apoyar a los israelíes que quieren mejorar su país, que quieren convivir con los palestinos y que denuncian las políticas sectarias y autoritarias del gobierno de Netanyahu. La izquierda debe apoyar el boicot a los asentamientos ilegales, apoyado por la Unión Europea; debe apoyar los intentos de ONGs y organizaciones para que haya más rendición de cuentas en el ejército; debe denunciar los excesos bélicos; debe criticar el ultranacionalismo y el dogmatismo ortodoxo. Lo que no debería hacer el progresismo es ver Israel como una idea, como un arma ideológica, y no como una democracia de ocho millones de habitantes.

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