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El rey y el pueblo

Foto: Toni Albir | EFE

El también columnista de The Objective, Juan Claudio de Ramón, decía en Twitter que “el plan A” del nacionalismo catalán era “sacar a Cataluña de España” y, como han fracasado en el intento, el “plan B” consiste ahora en “sacar a España de Cataluña”. Eso explicaría porqué el rey Felipe se ha convertido en el chivo expiatorio a quién dirigir todas las críticas después de que en Madrid el nuevo Gobierno haya echado a Rajoy de la Moncloa. Como sucedió con el llamado derecho a decidir, el nacionalismo trata de construir falsos consensos sobre la sociedad catalana. Y, por esta razón, Puigdemont, habla en nombre de Cataluña cuando dice que “el rey del 3-O no es bienvenido a Cataluña”. Habría que recordarle que el partido más votado en Cataluña defendió tanto la intervención de la autonomía como el discurso del Jefe de Estado posterior al referéndum ilegal del 1 de octubre. Pero, claro, solo ellos son el pueblo.

Sucede lo mismo cuando el edil de la CUP de Girona, Lluc Salellas, insta a los hermanos Roca, los cocineros de El Celler de Can Roca, a no ceder ningún espacio de su propiedad para alojar los premios Princesa de Ásturias. Las instituciones públicas catalanas hace tiempo que han dejado de ser neutrales y han expulsado de sus recintos – de la Cataluña pública– al Jefe de Estado. En algunos ayuntamientos lo han declarado incluso persona non grata, junto a la líder de la oposición Inés Arrimadas.

Ahora observan que la sociedad catalana es más plural que sus instituciones y también piden a los privados que respondan a esta supuesta voluntad del pueblo que solo ellos encarnan. En esta interferencia totalitaria del ámbito privado Salellas incluso afirmó que “estaría bien que un médico independentista no atendiera al rey”. Deshumanizando por razones ideológicas a un individuo. A un rey, sí. Pero un rey sujeto a la ley. A falta de monarquías absolutistas y regímenes dictatoriales, no saben que el pueblo y la voluntad popular sin contrapesos puede ser tan o más tirano.

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