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El tiempo grande

Foto: Miguel Gómez Losada | Miguel Gómez Losada

Me temo que tengo un pie dentro y otro fuera de la actualidad. Y casi diría que eso es lo que hay que tener. Como columnista debo mantenerme informado, cosa que hago con gusto: me lo paso pipa en el estrépito, en la trituración eléctrica de la jornada. Pero cuando todo es actualidad me ahogo. Hacen falta fugas, accesos al tiempo grande. Y para eso –además de la contemplación, el sueño, el erotismo, los paseos, la embriaguez o la amistad catacumbística– están las artes: la literatura, la música, el cine, la pintura.

Hoy voy a escribir un poco de pintura porque fue el pintor Miguel Gómez Losada el que me habló del tiempo grande. Estábamos entre los cuadros de su exposición Romanza en el CAC Málaga y trataba de describir su trabajo: “Yo no quiero ocuparme del tiempo chico, el tiempo de la información, el que se pierde todos los días, el que mañana no significa nada, sino del tiempo grande. Quiero que mis cuadros se puedan ver mañana, que no estén lastrados por ningún elemento caduco. Que sean esenciales, que contengan lejanía…”. Me parece un modo ejemplar de ser un artista contemporáneo: estar en la punta del tiempo, pero elaborando un tiempo limpio, fijado en la obra.

He visto evolucionar a Gómez Losada, desde que nos conocimos a principios de los noventa y se me ocurre que ha tenido un crecimiento vegetal, orgánico: hay continuidad en su arte, en el que no detecto rupturas sino ganancias, en depuración, en vitalidad, en libertad, en riesgo, en soltura, en ahondamiento, en ligereza. La continuidad ha sido también física: en su esfuerzo y en su dedicación. Aunque suene a tópico (y eso que son escasísimos los casos), ha seguido su camino sin concesiones, de acuerdo con su llamada íntima; en comunicación con el mundo, pero sin dejarse manosear por el mundo. Siendo un perfecto conocedor del arte contemporáneo, el español y el de fuera, él era consciente plenamente de la osadía de lo que estaba haciendo. Una osadía no estrepitosa, sino sutil, valiosa de verdad. Me acuerdo de este aforismo de Nietzsche: “No todo lo que es oro reluce. El brillo suave es propio del metal más noble”.

Quien visite Romanza (la exposición estará hasta el 25 de noviembre) se hallará en una sala mágica, poética, magnetizada por una pintura de muchos quilates. Ahora que tantos pintores pintan para internet, Gómez Losada –cuyos cuadros también funcionan por internet– ofrece el valor añadido de su pincelada, de su textura, de su lienzo vibrante. No hay zonas muertas en sus obras: todo está vivo. Cuando uno se sitúa ante ellas, está ante genuinas presencias; tanto más imponentes por cuanto que ahora son figuras humanas, mujeres casi todas. El enorme cuadro central, El Rito (de 975 x 280 cm), domina de tal modo la sala que todos los demás cuadros parecen formar parte de él, con sus figuras ejecutando también el rito a su manera. El propio espectador ejecuta su ritual de miradas y pasos, en ese ámbito de intensa belleza, de evocación, de trascendencia, de misterio, de homenaje a la vida. Habitando por unos minutos el tiempo grande.

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