THE OBJECTIVE
Javier Quero

El tostón sin Pablo

El problema de la fiesta palaciega del 12 de octubre no es que sea un tostón, el verdadero inconveniente es que a esta recepción real acuda el rey. Que el monarca presida los actos propios de una monarquía es algo intolerable. Bien lo sabe Pablo Iglesias, preocupado días atrás por no encontrar la invitación oficial para darse el placer de rechazarla.

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El tostón sin Pablo

El problema de la fiesta palaciega del 12 de octubre no es que sea un tostón, el verdadero inconveniente es que a esta recepción real acuda el rey. Que el monarca presida los actos propios de una monarquía es algo intolerable. Bien lo sabe Pablo Iglesias, preocupado días atrás por no encontrar la invitación oficial para darse el placer de rechazarla.

El problema de la fiesta palaciega del 12 de octubre no es que sea un tostón, el verdadero inconveniente es que a esta recepción real acuda el rey. Que el monarca presida los actos propios de una monarquía es algo intolerable. Bien lo sabe Pablo Iglesias, preocupado días atrás por no encontrar la invitación oficial para darse el placer de rechazarla.

Estos de Podemos conocen de verdad los problemas que acucian a los españoles. De ahí sus notables actuaciones para mejorar nuestro bienestar. Los vecinos de Barcelona están mucho más contentos desde que su alcaldesa anunciara su intención de prohibir las luces de Navidad. Los residentes en el madrileño Barrio del Pilar respiran aliviados desde que su concejal suprimiera a la Virgen del Pilar de las fiestas a las que hasta ahora daba nombre. Y los coruñeses se sienten infinitamente más felices desde que su regidor eliminara la feria taurina.

Estos de Podemos han ido un paso más allá del café sin cafeína, el licor sin alcohol o la nata desnatada. Después de mostrar en varios ayuntamientos que el mejor modo de acabar con el nepotismo es nombrar familiares para ocupar cargos públicos, refuerzan su apuesta por un reino sin rey, una fiesta nacional sin nación y un desfile de fuerzas armadas sin armas. Mientras eso no cambie, Pablo Iglesias seguirá privando a las autoridades de su excelsa presencia. Ni la cabra de la legión podía disimular ayer su desolación. «No ha venido Pablo» sollozaba el público. Y hasta al mismísimo Felipe VI se le escapó una lagrimita al saber que no podría estrechar la mano del líder político que tan adecuadamente representa los anhelos ciudadanos. Que lo sepan todos, especialmente los encargados de hacer esas malvadas encuestas, obstinados en pronosticar la caída de Podemos.

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