Gabriel González-Andrio

El yihadista y el bebé

La estampa paternal del bebé acurrucado en los recios brazos del padre, que en otras circunstancias sería conmovedora aquí se convierte en algo tétrico.

Opinión

El yihadista y el bebé

La estampa paternal del bebé acurrucado en los recios brazos del padre, que en otras circunstancias sería conmovedora aquí se convierte en algo tétrico.

La imagen es para echarse a temblar. Una persona que alberga en su corazón sentimientos de odio y venganza aparece en una entreñable imagen durmiendoa un bebé entre sus brazos. Debería hacernos reflexionar.

Al parecer no pocos musulmanes franceses pusieron rumbo a Irak y Siria para poner su granito de arena en la instauración de un nuevo Califato. Luego los hemos visto en los vídeos de atroces decapitaciones en serie. Terrorífico y escalofriante.

El efecto llamada ha hecho saltar todas las alarmas en el país galo, donde aún no comprenden qué ha llevado a sus conciudadanos a sumarse a la causa yihaidista. Mientras tanto, la inteligencia gala trata de descubrir la identidad de los tres jóvenes barbudos que, armados con fusiles de asalto y con uniforme guerrillero, animan a los musulmanes de Francia a emigrar a «la tierra del islam”.

Pero su llamamiento –en un vídeo milimétricamente guionizado- va más allá y piden a los que no pueden unirse a ellos que actúen en territorio francés y que «maten infieles». La puesta en escena que culmina con todos ellos quemando en una hoguera sus pasaportes franceses.

La estampa paternal del bebé acurrucado en los recios brazos del padre, que en otras circunstancias sería conmovedora aquí se convierte en algo tétrico. El corazón del hombre, creado para amar y no para matar, tiene estos misterios insondables.

Se calcula que son ya más de 400 los franceses que han terminado en las filas del llamado Estado Islámico. Hombres –en su mayoría- y mujeres que un día también fueron acunados en los brazos de sus padres.

Mientras, los expertos en terrorismo tratan de buscar un por qué a toda esta sinrazón. Y hablan, por ejemplo, de la “extraordinaria calidad de la comunicación de este grupo en Intenet”.

Me temo que el mal está en el fondo del corazón del hombre. Y eso no se resuelve con tácticas anti-terroristas.

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