Paloma Barrientos

¿Ellas no pueden bañarse?

La piscina purificadora no lo es porque no hay niñas, no hay mujeres, no hay personas que puedan vivir sus derechos fundamentales cada mañana

Opinión

¿Ellas no pueden bañarse?

La piscina purificadora no lo es porque no hay niñas, no hay mujeres, no hay personas que puedan vivir sus derechos fundamentales cada mañana

La imagen no puede ser más lúdica. Dos piscinas enormes con agua clara, mosaicos imitando olas, cristales para que la luz natural entre a raudales y lo haga todo más atractivo, toboganes, saunas, restaurantes y atracciones varias para recrearse con ocio. Todo muy bonito y relajante. Disfrutar de la vida y de los momentos no laborales no es sólo placentero, sino buenísimo para la salud y para el espíritu. Pero, como dice el refrán, “de lejos todos los gatos son pardos”. Y eso es lo que ocurre con este centro de diversión en Kabul, la capital de Afganistán, uno de los países donde nacer mujer es casi un delito y por lo tanto carente de derechos.

En estas macropiscinas sólo hay hombres. Sólo ellos tienen derecho a bañarse, a complacerse con el agua y a utilizar las instalaciones. La imagen es el reflejo no violento de lo que sucede en ese país donde una mujer de cada diez muere en el parto y el ochenta por ciento sigue sufriendo matrimonios forzados a partir de los doce años con maridos que le triplican y cuadriplican la edad.

La piscina purificadora no lo es porque no hay niñas, no hay mujeres, no hay personas que puedan vivir sus derechos fundamentales cada mañana. Levantarse y saber que puede ser el último día de tu vida si algún vecino varón decide que has faltado a las letales leyes de los talibanes domésticos. Seguro que muchos de ellos antes de lanzarse por el tobogán han dejado en casa a una hija, una esposa, una madre o una hermana  a la que han prohibido algo. Ellas no pueden bañarse y casi tampoco respirar.

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