José Carlos Rodríguez

Elogio del rentista

«En las sociedades capitalistas, las clases han desaparecido. Ya, ni los marxistas creen en ellas. Han tenido que rescatar el sexismo y el racismo para alimentar su ideología del conflicto»

Opinión

Elogio del rentista
Foto: Fernando Alvarado| EFE
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

No engaño al lector: yo quiero ser un rentista. Estoy seguro de que incluso José García Domínguez comparte conmigo esa pequeña ambición burguesa. Se pregunta si es liberal defender a los rentistas, y no sé si se formula la cuestión desde el punto de vista del liberal que no sabe qué posición tomar ante los propietarios, o del rentista que no sabe qué posición adoptarán ante él los liberales.

Considera que los creadores de la ciencia económica del XIX (cita a David Ricardo) creían en la lucha de clases, y que ellos estaban en contra de lo que llama rentistas. Es verdad que los manuales de economía de la época distinguían las rentas por sus fuentes (tierra, trabajo y capital), y que asignaban a cada función económica una realidad social. Y que tenían una especial simpatía por los trabajadores, aunque muchos no pudieran encontrar en su apero ideológico una herramienta que les permita darles esperanzas. John Stuart Mill creyó encontrarla, pero fue un paso en falso.

Pero no es que los economistas clásicos, y Ricardo en particular, le tuviesen tirria a los propietarios de la tierra, sino que éstos defendían el proteccionismo, y Ricardo era un gran defensor del libre cambio. Lo era porque creía que mejoraba la situación de los trabajadores.

Marx imaginó un mundo en que los capitalistas fuesen cayendo en la categoría de trabajadores, a excepción de unos pocos que, por el contrario, acapararían cantidades ingentes de beneficios. Como todo lo que escribió Marx, la realidad le dio la espalda. Ocurría en las mismas décadas en que él escribió su mamotreto. Y siguió pasando después. Apareció la clase media, formada por profesionales con sueldos al alza y pequeños propietarios. En las sociedades capitalistas, las clases han desaparecido. Ya, ni los marxistas creen en ellas. Han tenido que rescatar el sexismo y el racismo para alimentar su ideología del conflicto.

En España, a la que menciona el autor, la mayoría de los españoles es dueño de al menos una vivienda. Es un capitalismo castizo, es verdad. En un contexto diferente, John Locke hablaba de mezclar el trabajo con la tierra. A lo que vamos es a mezclar el trabajo con el capital, a que cada uno cree su propio patrimonio dedicando una parte de su ahorro a participar en los beneficios que ofrece el capitalismo. Y a que se conviertan en rentistas.

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