José García Domínguez

Elogio de vascos y gallegos

«Añádase a ello la aparente paradoja de que el País Vasco produce muchos menos puestos de trabajo que la media de la economía española. Siempre crean muchos menos empleos, pero siempre tienen muchos menos parados. ¿Cómo entenderlo?»

Opinión

Elogio de vascos y gallegos
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José García Domínguez

José García Domínguez

Gallego practicante pese a residir desde la tierna edad de 5 años en Barcelona, ciudad donde se licenció en Económicas. Ha sido editor de El Correo Financiero además de colaborar en distintas etapas, entre otros medios de comunicación, en COPE, ABC, Es Radio, El Mundo y Libertad Digital.

Ocurre con los vascos que resultan ser los españoles que mejor viven. Y con diferencia. Un notorio bienestar colectivo superior a la media nacional que, contra lo que prescribe el lugar común, tiene poco que ver con los crónicos trapicheos contables asociados a su muy peculiar y muy medievalizante régimen foral. Y es que, manejados con alegre impunidad, el Concierto Económico y el Cupo pueden servir, como de hecho sirven, para disponer de mejores carreteras, hospitales y colegios que el resto de los territorios peninsulares, pero no, en cambio, para disfrutar de mejores y bien pagados empleos en el sector privado, como es fama que también ocurre en Euskadi. Porque algo tienen que haber hecho bien ahí para que, a diferencia lo que nos ha ocurrido a los demás desde la incorporación al entonces Mercado Común y luego al euro, hayan logrado que sus niveles domésticos de desempleo resulten, tanto en épocas de bonanza como en las de recesión, equiparables a los propios de los países normales. Así, mientras que el resto de España presenta ya por rutinaria costumbre unas tasas de paro completamente extravagantes por lo insólito y desmedido de su volumen en el contexto europeo occidental, las tres provincias vascas, y también por norma, exhiben cifras homologables con los promedios de la Unión Europea. Añádase a ello la aparente paradoja de que el País Vasco produce muchos menos puestos de trabajo que la media de la economía española. Siempre crean muchos menos empleos, pero siempre tienen muchos menos parados. ¿Cómo entenderlo? Pues acaso reparando en la prosaica simplicidad de su apuesta estratégica por la industria, la tradicional de toda la vida, frente al nuevo dominio hegemónico de los servicios de bajo valor añadido, la construcción y el turismo en el conjunto de España. Su secreto se llama industria. Una industria que produce menos empleos, sí, pero más estables, cualificados y bien pagados. En sus antípodas, sueldecillos paupérrimos, precarios y atractores de mano de obra poco o nada cualificada de otros continentes, los propios del modelo hispano asociado al cemento, el sol y la playa.

Por su parte, con los gallegos también sucede algo en verdad notable. Pasa que los escolares gallegos de Secundaria, con un peso notable entre ellos de los que habitan en medios rurales, figuran, a decir de los resultados oficiales del último Informe PISA, no sólo a la cabeza de toda  España en los estudios de Ciencias, sino que también se codean con los mejores del mundo en esa especialidad, presentando unas notas promedio muy próximas a las de Singapur, el país que lidera el ranking. Palabras mayores. Igual los gallegos, pues, están haciendo algo muy bien. Pero, al margen de ese especial nivel de excelencia pedagógica en el ámbito de las Ciencias logrado por los responsables de Educación de la Xunta, que se propusieron en su día como un objetivo estratégico para el futuro de Galicia lograr la preeminencia en el ámbito científico de sus jóvenes, PISA certifica año tras año que, en general, la España atlántica y la interior obtienen mucho mejores resultados docentes en todas las áreas de conocimiento que la mediterránea e insular. No sólo los gallegos, cualquier alumno promedio de, pongamos por caso, Ávila, Soria o León obtiene calificaciones muy superiores a sus equivalentes de Canarias, Baleares o del litoral costero andaluz. Algo difícil de entender si se repara en que los presupuestos educativos de las regiones tienden a ser similares, la formación de los docentes pareja, los programas curriculares casi idénticos, y las capacidades naturales de todos los alumnos, equiparables. ¿Entonces? Pues entonces únicamente caben dos explicaciones a esas asimetrías de resultados tan acusadas, a saber: el mar y la lluvia. Sí, el mar y la lluvia. Porque en Soria y en León resulta que no hay mar. Y en Coruña o en Vigo sí hay mar, pero llueve, llueve mucho, casi todo el tiempo. Y allí donde falta el mar o llueve no rige una enorme abundancia de empresas hosteleras vinculadas al turismo. Empresas que, por las características propias de su actividad, tienden a contratar a mucho personal joven y poco cualificado. Una facilidad real e inmediata para poder ganar dinero de un modo sencillo, la que propicia ese tipo de actividad económica, que opera como un poderoso incentivo para el abandono escolar  prematuro en todas las regiones turísticas de España. En todas. De ahí los siempre pésimos resultados de Canarias o Baleares, las líderes del fracaso escolar español. No, no es por los los profesores, los padres, o los sistemas pedagógicos disfuncionales, es por el mar y por el sol. Tenemos mucho que imitar de vascos y gallegos. Mucho.

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