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Emergencia, la palabra más bella y más urgente de la ciencia

Desde el desarrollo internacional hasta los estudios culturales, desde la medicina hasta la religión, diversas ciencias humanas están faltas de esta palabra cardinal

Foto: Jaron Nix | Unsplash

Emergencia. Piezas de rompecabezas que, al encajar, dibujan coliseos. Manadas de hienas que, al asaltar, derriban elefantes. Edificios que en línea hacen una calle, calles que en espiral hacen ciudades. Ciudades que, unidas en el bautizo de la palabra, hacen países.

Trazos sobre un papel que hacen una letra. Letras que en sucesión hacen palabras, y éstas párrafos que luego sumarán en textos que servirán para heredar, prohibir, sentenciar o enamorar. Con ellas, un niño escribe un poema. Y éste, portento de ideas y sentimientos, es a su vez más que la sumatoria de sus letras.

Bajo la lupa: el niño. Su poesía, fenómeno psicológico emergente de su neurobiología; proceso químico que, en un torbellino de escalas luminosas, deriva en amor lo que en primera instancia era átomo sin vida. “Un día en Caracas –dice el poema— quise quererte. Olía a arena y a carroña. Pero ya habías migrado entre las aves.”

Esto es emergencia. La propiedad universal del todo que es más que la suma de sus partes. La sorpresa de una torre entre el montón de piedras. El veloz andar de la bicicleta, que no está en ella sino en el que la monta. Vector ascendente a la complejidad, elemento primordial de la evolución y finalmente de la vida.

Verdad es saber llamar las cosas por su nombre. Pero la palabra emergencia se conjuga poco. Mis colegas economistas siguen creyendo que la mejor manera de entender su ciencia es reducirla a sus partes constituyentes; en términos técnicos, que lo macro es la suma de lo micro. “Cuando terminemos de entender el mecanismo de la empresa, del comercio exterior, de la propensión marginal al consumo o al ahorro, del precio de las letras del tesoro y los mercados negros, los sumaremos todos y tendremos ante nosotros la máquina universal del mercado. Entonces, nuestra labor habrá terminado. Babel tendrá una cima que tocará el cielo.”

Desde el desarrollo internacional hasta los estudios culturales, desde la medicina hasta la religión, diversas ciencias humanas están faltas de esta palabra cardinal. Usarla sería, finalmente, dejar atrás los modelos básicos, las nociones de equilibrio, el vicio interminable de acobijarse en el confort de los promedios. Implicaría pararse en la vereda del caos y aspirar, en el revoloteo de las mariposas, la humildad de no saber, a partir de lo que tenemos, lo que vendrá.

Pero sería, por fin, detenernos en el camino inútil. Volver a buscar la encrucijada. Y apostar por la complejidad, que es de lo que estamos hechos. Que es lo único que nos salvará. Emergencia. La palabra más bella y más urgente de la ciencia.

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