Daniel Ramirez Garcia-Mina

En blanco y negro

El domingo volverán las urnas aquejadas de una falta notable de color, aunque todavía existen muchos, como dice esta canción, “capaces de emocionarse en estas calles de andar inmortal”. Brindemos por ellos, vengan por la izquierda, el centro o la derecha.

Opinión

En blanco y negro

El domingo volverán las urnas aquejadas de una falta notable de color, aunque todavía existen muchos, como dice esta canción, “capaces de emocionarse en estas calles de andar inmortal”. Brindemos por ellos, vengan por la izquierda, el centro o la derecha.

1988. El publicista René Saavedra trata de planificar una campaña electoral que mueva a los chilenos a votar ‘No’ a Pinochet en un referéndum plebiscitario. Entra en una salita, le presentan al equipo y el televisor emite un boceto de los spots ya diseñados. En ellos se habla de asesinatos, desapariciones e injusticias. Son esas imágenes de siglo veinte que ponen la piel de gallina, de cuerpos sin vida, de lágrimas eternas, de corazones que siempre latirán en duelo. Saavedra responde: “Necesitamos algo más alegre, algo en positivo”. En ese instante, miradas asesinas aterrizan sobre su cabeza. Le llueven reproches, justificados, pronunciados por hijos de ‘desaparecidos’, por personas con apellidos bañados en muerte.

Saavedra, mexicano pero hijo de exiliados, comparte su dolor, pero piensa más allá. Le tachan de cínico por querer ganar votos a cualquier precio, incluso al precio de olvidar a los que ya no están. Finalmente, después de mil vueltas en círculo y de varias amistades rotas, consigue colocar un arcoíris al lado del ‘No’ en los carteles. La campaña habla en positivo, canta ‘esa alegría que ya viene’.

A tan solo unos días de las elecciones, las propuestas españolas están plagadas de achaques, injusticias, errores ajenos y miedos del pasado. Se habla de terrorismo, marxismo, fascismo, medidas ya tomadas, y cuestiones decididas. Pero, ¿quién mira hacia delante? ¿Quién propone? En medio de las promesas utópicas de unos y de Gobiernos que, en lugar de proyectar, juegan a la contra, apenas se habla de ‘esa alegría’ que llegó a finales de los ochenta a Chile. Allí, el peor de los presentes consiguió mirar al futuro. Aquí, el hoy privilegiado se horroriza ante el mañana.

Barricada cantaba a principios de los noventa: “Sé que es un baile salvaje, combate a mala cara, veo todo en blanco y negro, en blanco y negro”. El domingo volverán las urnas aquejadas de una falta notable de color, aunque todavía existen muchos, como dice esta canción, “capaces de emocionarse en estas calles de andar inmortal”. Brindemos por ellos, vengan por la izquierda, el centro o la derecha.

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