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En Inglaterra todo es mejor

Foto: Cecilia de la Serna | The Objective

Los españoles sabemos lo que es España porque nos lo dicen los guiris. Esta es una costumbre antiquísima. Guillermo de Orange nos convenció de que éramos unos mataindios comebrujas y nosotros asentimos. Luego vinieron los franceses a contarnos que éramos exóticos, gente peculiar con bandoleros, patillas anchas y floridas, navajas gigantes, mujeres morenas con mantón sobre los hombros. Nosotros, felices. Ahora, James Rhodes (por el nombre se sabe que no es de Móstoles) dice que somos “guay del Paraguay” en el periódico de mayor tirada nacional. Lo ha recibido el presidente del Gobierno y todo, en calidad de nosequé. ¡Qué alegría da mantener las costumbres!

Parece que apenas quemamos brujas, que la Inquisición no fue para tanto (fue mala, pero sin exagerar) y que todos esos países tan civilizados de alrededor fueron más brutos que nosotros mismos. Pero seguimos haciendo oído al raca raca de extranjeros que unas veces nos dicen que somos muy malos y otras muy buenos. James Rhodes, uno de los peores pianistas vivos, ha descubierto las croquetas, la siesta, que en Madrid hay teatros y que la vida de una ciudad va más allá de lo que dice una guía de viajes. ¡Tremendo hallazgo! Nos lo ha dejado negro sobre blanco y resulta que el muchacho escribe tal como toca. Hay una inmensa algazara, un frenesí, un jolgorio alrededor del amigo James que la verdad, sonroja un poco. ¿Qué complejos llevan al personal a festejar que un mindundi diga que somos chachipirulis? “Os miro a vosotros y vuestra belleza me ciega”. Ojalá alguien escriba esta sentencia en un paso de cebra.

Lo vergonzante no es el lirismo de instituto y la alegría de vivir pija de Rhodes (que también), sino la canonización del sujeto. Si estas cositas que dice el amigo James las hubiese dicho alguien con pasaporte nacional la carcajada se hubiese escuchado en Oxford. Además, hubiese tenido que decirla en un estado de Facebook o en el rodapié de una foto de Instagram, no en un periódico. Como Dios aprieta pero no ahoga, hoy leo en los periódicos que una carismática octogenaria británica ha interpuesto una queja contra su hotel en Benidorm porque estaba lleno de españoles. ¡Al fin un inglés comportándose como se espera!

Como es agosto y tengo el ánimo saltarín, me he propuesto redactar una columna y enviársela al Guardian. Empieza: “A lo mejor no me creéis, pero no os miento si os digo que en Inglaterra todo es mejor”. Estoy escribiendo unos requiebros buenísimos sobre el fish and chips (“it can, literally, change your life“). Espero que me den pronto la orden de la Jarretera. Veréis mi foto, junto a la reina, con una camiseta donde diga “Haendel es Dios”.

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