José Carlos Rodríguez

En la pira del Amazonas

"Hemos bajado del pedestal a los hombres y mujeres de ciencia, y ocupan su lugar unos portavoces de no se sabe qué con tanta cara como ideología"

Opinión

En la pira del Amazonas
Foto: Jacques Witt
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

El presidente aprobó en julio un decreto que permite la quema controlada de bosques, y estos días se ha producido un importante aumento en los incendios en el Amazonas, que ocupa una gran extensión de su país. No se trata de Jaír Bolsonaro, nuestro villano favorito, sino de Evo Morales narcopresidente de Bolivia. Es en ese país donde ha comenzado el notable incendio en el Amazonas del que nos hemos puesto a hablar en los bares, en la oficina, alarmados y con el corazón aherrojado por el futuro del planeta. Sólo que nosotros hemos aprendido, porque así nos lo han dicho los medios de comunicación, que el culpable de la colosal pira en la que se consume nuestro amor por la Tierra es Bolsonaro.

El presidente de Brasil ha tenido un rifirrafe diplomático con su homólogo francés, Emmanuel Macron, quien le acusaba de poner en riesgo “la selva amazónica, el pulmón que produce el 20% del oxígeno del planeta”. Pero eso no es verdad. El papel de los medios no es rebotar las declaraciones de actrices, futbolistas y políticos, sino someterlos al cedazo de la labor periodística. Nada hubiera costado a los periodistas constatar que el Amazonas consume una cantidad de oxígeno prácticamente igual a la que produce. Tampoco hubiera requerido un esfuerzo extraordinario comprobar que el nivel de incendios en el Amazonas de Brasil estaba aún en los niveles normales, o que se halla muy por debajo de los que había en las décadas de los 90’ o 2000’.

De veras que coger el teléfono y llamar a un experto no es un ejercicio periodístico que sólo se pueda permitir la revista Forbes. Y comprobar los datos de la superficie arrasada por el fuego año a año está al alcance de cualquier redacción.

No ha ocurrido nada extraordinario, ni en la selva amazónica ni en el periodismo, pero esto último es grave. ¿Por qué la tiña hacia Bolsonaro es más poderosa que el aprecio por la verdad? ¿Cómo es que prestamos atención a lo que digan unos famosos sobre la selva y no hablamos con los expertos para que nos den los datos? ¿Por qué dicta los titulares sobre el cambio climático una niña que no ha terminado el bachillerato?

Hemos bajado del pedestal a los hombres y mujeres de ciencia, y ocupan su lugar unos portavoces de no se sabe qué con tanta cara como ideología. Y la culpa no es sólo de los medios.

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