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Entre la derecha y la pared

“Cuando se niega la nación, estalla Europa. Y Europa hoy está profundamente enferma […] la nación sosiega; la frontera apacigua […] Los musulmanes deben sentirse interpelados por los crímenes terroristas cometidos en su nombre […] el Estado de Derecho es muy simple: cuando hay dudas sobre alguien es mejor encerrarlo para comprobar su peligrosidad antes que dejarlo en la calle y que pueda hacer estallar una bomba […] siglos de historia crean una identidad y los pueblos no cambian. Las características estructurales de los pueblos no cambian a través del tiempo.” El autor de estas palabras no es un fascista de los años treinta; tampoco es Ernest Renan, teórico francés del nacionalismo y autor del famoso discurso “¿Qué es una nación?”, que escribió que la nación es “un alma, un principio espiritual”.

Tampoco es Marine Le Pen. Y aunque dijo que “soy un adepto del pensamiento de Mandela, no pierdo jamás”, Sarkozy ha perdido las primarias de los Republicanos (la primera vez que la derecha francesa elige a su candidato con primarias), frente a su ex primer ministro, François Fillon, y el moderado Alain Juppé. Según las encuestas, Fillon vencerá el próximo domingo a Juppé, en la segunda y última vuelta de las primarias de la derecha, pero si lo hace le costará más vencer a Le Pen en las presidenciales: una encuesta de Le Figaro en septiembre demostraba que Juppé conseguiría vencer a Le Pen con un margen de 64-36, mientras que Fillon vencería a Le Pen por un margen de 57-43. Lo que los encuestadores no dudan es que no ganará Le Pen. En la segunda vuelta de las elecciones todos los votantes anti Le Pen, incluida la izquierda, votarán al candidato de los Republicanos.

La izquierda se encuentra debilitada y fragmentada (Hollande tiene unos niveles de aprobación del 4%), y no parece preparada para enfrentarse a una derecha tradicional y otra populista. Fillon no comparte el discurso populista de Sarkozy, obsesionado con la identidad francesa, pero sí se parece al expresidente en sus valores conservadores y de orden:es católico, contrario al matrimonio homosexual, está a favor de llegar a un acuerdo con Putin y es fan de Margaret Thatcher.

Fillon es el favorito para llegar a la presidencia. Las elecciones en abril serán entre la derecha tradicional, con toques autoritarios y reaccionarios, y la ultraderecha populista, legitimada después de que Sarkozy, un presidente conocido como un líder pragmático, se apropiara de sus valores xenófobos y nacionalistas. Es una de las grandes maldiciones del populismo: contamina el debate y obliga a los partidos moderados a radicalizarse. Entre un populista de verdad, como Le Pen, y un político del establishment convertido en populista, el votante puede verse tentado a elegir al primero.


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