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Enviado especial a casa: cuando éramos reyes

"Del mundo del boxeo surgió la expresión 'Go the Distance': aguantar los asaltos, permanecer en pie hasta que suene la campana. Este es el momento"

Foto: Jose Manuel Vidal | EFE

Cuando besas a una chica por primera vez no suena ninguna canción.

Las guerras no llevan música y no la hay en esta pandemia, impredecible o de miopes.

En la ciudad, se escuchan, como nunca antes y sin interrupción, los cantos de los pájaros. Llegan hasta las azoteas las pisadas de los perros callejeros; los vecinos se hablan con los ojos desde los balcones.

Anoche, a las 21:37, cerró el tascón Coronado. Unos colegas se abrazaron y el camarero echó la persiana.

Empezó de repente a crecer una silencio viscoso, doliente y, luego, se hizo la ley.

El asfalto, arena de desierto.

“¿Estamos ante un ensayo general del fin del mundo?”, preguntan en una televisión norteamericana. “Sólo el Señor lo sabe”.

Los turistas descarriados traen una alegría de álbum de fotos vacío.

De repente han brotado cuatro pastas de dientes en el cuarto de baño.

La farmacéutica insiste en que se acabó el paracetamol. “Cuando sea mayor, yo también me confesaré en una farmacia”, dice.

El rellano lleva perfume de Sanitol.

Del mundo del boxeo surgió la expresión 'Go the Distance': aguantar los asaltos, permanecer en pie hasta que suene la campana.

Este es el momento.

George Foreman fue a África a pelear por el título mundial con Alí y un periodista se atrevió a preguntarle qué haría si perdía. Él contestó:“¿Pardon me?”. La escena es parte del fabuloso documental “Cuando Éramos Reyes”.

“Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre (…) Él se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse, y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes”- Estracto de Antígona, Sófocles-.

Hagan inventario de las pequeñas grandes cosas que tienen, que todavía tenemos, que hemos tenido y de las que lucharemos por recuperar. Saldremos de este Alcatraz de barriada, volveremos ahí fuera: alcanzaremos los estancos y, después, la Gare de Austerlitz.

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