Raul Tola

Épica del derrotado

Rafael Nadal acaba de perder la final del Abierto de Australia a manos de Stanislas Wawrinka. Australia ha sido un calvario para Nadal, que ha demostrado como nunca esa épica de la lucha y sufrimiento.

Opinión

Épica del derrotado

Rafael Nadal acaba de perder la final del Abierto de Australia a manos de Stanislas Wawrinka. Australia ha sido un calvario para Nadal, que ha demostrado como nunca esa épica de la lucha y sufrimiento.

Rafael Nadal acaba de perder la final del Abierto de Australia a manos de Stanislas Wawrinka. El suizo ha coronado la mejor semana de su carrera, siendo el único en ganarle al español y al serbio Novak Djokovic en un mismo torneo, para hacerse con su primer Grand Slam y con el tercer puesto del ranking mundial. Ambos tenistas se encuentran en la red, se estrechan las manos −son buenos amigos− y luego de dos horas y media de dolencias sin nombre, Nadal descansa su cabeza en el hombro de Wawrinka, buscando algún consuelo.

Australia ha sido un calvario para Nadal, que ha demostrado como nunca esa épica de la lucha y el sufrimiento que le ha permitido sobreponerse una y otra vez a la adversidad y las lesiones. Para llegar a esta final debió soportar una aparatosa ampolla en su mano izquierda que dolía nomás de ver, y a la que se sumaron, apenas empezado el partido, unos espasmos en la espalda que no lo dejaban sacar, le restaban mucha movilidad y estuvieron por hacerlo abandonar.

Pocas personas saben convivir con el dolor como Rafael Nadal. Su estilo de juego implica tanta exigencia física que no hay cuerpo que lo resista, ni siquiera el suyo. Los tendones de sus rodillas han sido los que más han sufrido, hasta que una inflamación lo obligó a dejar la actividad por siete interminables meses, durante los que los fantasmas del retiro no dejaron de rondarlo.

Lo que ha hecho desde su vuelta no tiene nombre: volver a las canchas para seguir sufriendo como ninguno, sin parar de ganar y recuperar el número uno del mundo. Aún con su rival deshecho, Wawrinka debió hacer su juego más brillante para superarlo en Australia. Recién entonces, cuando ya no había por qué luchar ni sufrir, Nadal demostró que es humano.

 

Más de este autor

Camaleón herido

La muerte de Phillip Seymour Hoffman es una de esas noticias tan tristes, repentinas y sorpresivas que uno no las termina de creer. Dentro de ese cuerpo blando y ese rostro bonachón anidaba un alma compleja y cargada de matices.

Opinión

Un paso atrás para la NSA

Es justamente en estas aparentes debilidades donde se esconden las fortalezas de la democracia, un sistema hecho por humanos y por ende imperfecto

Opinión

Más en El Subjetivo

Juan Manuel Bellver

Beberse los mares y las estrellas

«Hoy también podemos imaginarnos que ingerimos toda la vía láctea si adquirimos la botella de Château Pétrus 2000 que ha puesto en licitación la casa de subastas Christie’s, tras haber sido añejada durante 14 meses en la Estación Espacial Internacional. Valor estimado del remate: un millón de euros»

Opinión

Paula Fernández de Bobadilla

Bienteveo

«Nada es eterno pero hay cosas que lo parecen, por eso cuando vemos el sol luminosísimo sobre el mar azul y brillante nos parece imposible que la tormenta que se vislumbra en el horizonte nos vaya a alcanzar jamás»

Opinión

Juan Marqués

No es nada extraordinario

«Desconfío de la ‘originalidad’ en poesía: estaría toda la vida leyendo las ‘variantes’ con las que Eloy Sánchez Rosillo aborda los cuatro o cinco temas esenciales»

Opinión

Rafa Rubio

Falsos dilemas

«Cuando la eficacia electoral se impone a la gestión de lo público y el mundo se divide en dos, sin alternativa posible, elegir es tomar partido y, en cierto modo, renunciar»

Zibaldone