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Errejón en Caracas

Foto: EMILIO MORENATTI | AP

Las palabras del candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, Íñigo Errejón, defendiendo el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela porque “comen tres veces al día” no debería escandalizar a nadie con dos dedos de frente. He visto a muchos adultos mirar a estos jóvenes podemitas con una mezcla de paternalismo y añoranza romántica de su juventud, cuando todavía creían que el comunismo era una revolución justa.

No sé si es debido a mi edad la razón por la cual no tengo complejos frente a mis contemporáneos de Podemos o si es porque les he oído hablar demasiadas veces de una clase obrera cuyo único contacto con ella es la mujer de la limpieza, pero sé muy bien que cualquiera que defienda las tesis previas a la caída del telón de acero no puede ser un revolucionario, sino un reaccionario.

Félix de Azúa lo resumió bien en una entrevista en Crónica Global. Hay demasiada libertad y oportunidades en nuestras sociedades actuales para que un joven pierda el tiempo con ideologías caducas. Eso, evidentemente, no significa que aquéllos con inquietudes políticas deban renunciar a mejorar las cosas e implicarse en política. Pero cada generación de jóvenes debería en cierto modo romper con la anterior y no seguir idealizando la lucha de nuestros padres y abuelos. No se debe tampoco olvidar la historia. En el caso de España, el comunismo fue la fórmula para luchar contra el franquismo. Pero no es la fórmula para luchar por la mejora de la democracia.

Como dice Azúa, los jóvenes revolucionarios de ahora no están en esta –cada vez más– agencia de colocación de mediocres en la que se está convirtiendo la política. Muchos están mejorando la vida de las personas y del medioambiente con aplicaciones tecnológicas, soluciones biotecnológicas o inventos robóticos. Pero también necesitamos talento para gestionar el bien común.Y pensadores para afrontar los nuevos retos sin recetas fracasadas del pasado.

Dejemos la charlatanería para esos pijos y frívolos que se llenan la boca de grandes palabras sobre los oprimidos y la igualdad, pero que no aguantarían ni una semana viviendo en esa Caracas que tanto reivindican desde la comodidad que les brinda nuestra sociedad.

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