Paula Corroto

Ese toro enamorado de otros toros

A Benjy no le gustan las vacas. Prefiere mirar a los toros, acercarse a ellos. A las hembras las deja de lado y, por supuesto, ni se le ha ocurrido preñarlas. No van con él y esa ha sido su desgracia.

Opinión

Ese toro enamorado de otros toros

A Benjy no le gustan las vacas. Prefiere mirar a los toros, acercarse a ellos. A las hembras las deja de lado y, por supuesto, ni se le ha ocurrido preñarlas. No van con él y esa ha sido su desgracia.

A Benjy no le gustan las vacas. Prefiere mirar a los toros, acercarse a ellos. A las hembras las deja de lado y, por supuesto, ni se le ha ocurrido preñarlas. No van con él y esa ha sido su desgracia: sus dueños querían reproducción, y rapidita, que esto además es negocio. Y si no era así, al matadero, que en esta sociedad no nos sirves. Menos mal que a última hora apareció Sam Simon, co-creador de Los Simpsons, que reunió fondos y finalmente Benjy irá a parar a una reserva de animales donde podrá mirar toros –si los hay- o a cualquier otro animal sin la daga de la muerte encima. 

No voy a entrar en la orientación sexual de los animales, que la ciencia ya tendrá bastante con sus debates e investigaciones; sin embargo, esta historia me hace reflexionar sobre los graves signos de homofobia entre los seres humanos que aún imperan en un siglo XXI en el que tantas libertades y derechos hemos alcanzado. Seguramente en este caso se deba a motivos económicos –el toro está para preñar, las vacas para parir-, pero es un razonamiento que igual tiene bastante que ver con el rechazo a la orientación gay en los seres humanos.

Me explico: la reproducción crea productores y consumidores y, sin ambos, el dinero no se mueve. Si el dinero no fluye, no hay ganancias ni beneficios. Quizá Ana Botella no lo pensó en su momento, pero cuando dijo aquello de las peras y las manzanas venía a decir que de ahí no sale nada, y si no hay nada, rompemos la cadena económica. Ergo, aunque en países europeos y occidentales capitalistas la homosexualidad sea legal,  lo gay no mola.

Por supuesto, en muchos otros países se atiende a razones religiosas y a día de hoy aún sigue prohibida y con años de cárcel. Sólo hay que echar un vistazo a la legislación en África y buena parte de Asia. Lo curioso es que en algunos de estos países es legal para las mujeres e ilegal para los hombres, lo que me lleva a pensar de nuevo en la economía: la mujer, al fin y al cabo, es la que tiene el derecho de reproducción aunque esté con otras mujeres con lo cual igual no importa demasiado.

En fin, el pobre Benjy –que estaba en una granja de la católica Irlanda, dato reseñable- podrá ahora enamorarse de la luna o de otros toritos. Y yo aplaudo infinito por Sam Simon. Los Simpsons sí molan.

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