THE OBJECTIVE
Borja Negrete

España, ni apocalipsis ni fin de la Historia

«Un partido con voluntad negociadora no espera 80 días para empezar las conversaciones con quien va a ser tu compañero de coalición»

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España, ni apocalipsis ni fin de la Historia

“Si fueran extranjeros los enemigos de España… pero son todos españoles”. Con esta misiva se lamentaba Amadeo de Saboya de una España ingobernable, dividida y cainita. Era la España de la segunda mitad del siglo XIX, y es, en definitivas cuentas, la de hoy en día. Las negociaciones entre PSOE y Podemos recuerdan a esa escena inicial de El Padrino II, en la que el senador pide a Michael Corleone “250.000 dólares más el 5% de los ingresos brutos” por una licencia de juego, a lo que el mafioso responde: “Mi oferta es esta: nada. El precio de la licencia correrá a su cargo”.

Pero esto no es Estados Unidos, ni nuestros dirigentes son los Corleone (bueno, a veces sí lo son). Siendo sinceros, el PSOE nunca tuvo ganas de negociar. Un partido con voluntad negociadora no espera 80 días para empezar las conversaciones con quien va a ser tu compañero de coalición. La siguiente jugada de Iván Redondo fue pedir que Pablo Iglesias saliera de la partida, una jugada que creería magistral dado el ego del dirigente del partido morado. Sin embargo, Iglesias ha madurado, es padre, y de la misma forma que ha templado sus intervenciones públicas, ha sabido ponerse a un lado si con ello su partido llegaba a posiciones de poder.

La petición de Sánchez fue, por otro lado, absurda. ¿Qué diferencia hay entre que esté Iglesias en el Consejo de Ministros o su pareja, Irene Montero? Si es por incompetencia de caracteres, ¿hasta ese punto hemos rebajado el debate político? La siguiente jugada del PSOE fue filtrar a los medios las peticiones de Podemos, muy desorbitadas, por otro lado. Aunque la estrategia en cualquier negociación es ir de más a menos, y Podemos ha ido rebajando sus peticiones hasta el último segundo.

A esta falta de interés por entenderse hay que añadir un constante eco apocalíptico que subyacía en cada discurso de la tribuna. El fantasma de las Navidades futuras se mimetizaba en cada parlamentario para anunciar “el fin de España”, “la pérdida de una oportunidad histórica”, “el regreso del fascismo” y otra serie de mensajes dignos de ‘El día de la bestia’. La sensación de abismo pareció acrecentarse cuando, tras la votación, se confirmó la tesis de Saboya y tantos otros: España es un país ingobernable. Pero en realidad, la ingobernabilidad de España no es cosa de sus ciudadanos, sino de sus políticos, que no saben estar a la altura de para quienes gobiernan. España sigue adelante, como decía el propio Sánchez, los españoles seguimos conviviendo, a pesar de los políticos, y vamos sobreviviendo, a pesar de sus políticas. Estoy seguro de que no estamos ante final de la Historia. No es el final de la Historia para Margarita, la frutera, o Pedro, el panadero. Para ellos es un día más de trabajo duro, mientras los políticos echan el cartel de ‘cerrado por desacuerdo’. Fukuyama se equivocó en su previsión, y los agoreros de la investidura, también están equivocados. Todas sus palabras se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

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