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Estamos como en 2008… ¿o peor?

"Es difícil imaginar una salida suave de esta crisis, y como mucho se puede esperar un bajón moderado, recuperable en pocos años"

Foto: Victor R. Caivano | AP
El derrumbe de los mercados de valores y el frenazo general de la actividad económica en España, en Europa y en el resto de las economías importantes del mundo nos está retrotrayendo con excesiva precisión a la experiencia del reventón de la burbuja en 2008 y del inicio de una dura recesión internacional. Con, en este caso, el agravante de una de las conjunciones de dirigentes políticos más imprevisibles, o irresponsables, desde la última guerra mundial.​
En Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña y potencias menores —desde Italia hasta la España del temporero Pedro Sánchez, pasando por una Argentina que vuelve a hundirse— nos encontramos con una cacofonía política como no recordamos en nuestras vidas. El populismo ya es de derechas y de izquierdas, las guerras comerciales se imponen a los logros del libre comercio, y casi falta tan sólo que alguno de esos líderes descubra una afición a apretar el botón que lanza misiles…​
Las instituciones que aún mantienen un sentido de sus responsabilidades deben intentar restaurar cordura y moderación, reconstruir puentes rotos y devolver cierta calma a unos inversores cada día más asustados. La Unión Europea, los gobiernos de Alemania y Francia… y poco más. China se encuentra con la más aguda rebelión interna desde Tiananmen, e Irán responde con los primeros fogonazos en Ormuz a los embates del indescriptible Donald Trump.​
Es difícil imaginar una salida suave de esta crisis, y como mucho se puede esperar un bajón moderado, recuperable en pocos años. Pero tienen que unirse muchos factores que por ahora están lejos de parecer garantizados.​
En el caso de España, que poco o nada puede hacer para aislarse del maremoto que viene, lo mejor que se puede esperar es una recuperación de cierta estabilidad política frente al estallido secesionista, que ya no es sólo catalán. Sánchez, por muchos buenos deseos que se le manifiesten, no es el estadista que puede encauzar el proceso general, sino un oportunista que va cediendo la soberanía nacional a jirones para mantenerse en el machito.​
Seguimos pensando que unas elecciones generales, y con un pacto preelectoral de la derecha al que por ahora se opone frontalmente Ciudadanos, es la mejor esperanza para encarar los graves problemas internos. Y, en cuanto al resto, queda como siempre la fe en las instituciones democráticas: el Parlamento británico frente al Brexit salvaje de Boris Johnson, los electores norteamericanos dentro de un año frente a un segundo mandato de Trump… ¡Cuan largo me lo fiais!, que diría el clásico.​

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