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Estrellas con sudor y sin subvención

David Muñoz es un chico menudo, fibroso, vivaz, con una crestita iroquesa, piercings y tatuajes diversos (o diverxos) y el aplomo de quien fue prometedor futbolista del Atleti y hoy es ese mago de los dim sum que asombra con su técnica a los chinos (sí, a los de China, no a los del polígono Cobo-Calleja, que también)

David Muñoz es un chico menudo, fibroso, vivaz, con una crestita iroquesa, piercings y tatuajes diversos (o diverxos) y el aplomo de quien fue prometedor futbolista del Atleti y hoy es ese mago de los dim sum que asombra con su técnica a los chinos (sí, a los de China, no a los del polígono Cobo-Calleja, que también).

Su mujer, la dulce, bella e irónica Ángela Montero, lo acompañó hace casi un decenio en su viaje iniciático a las cocinas chinas de Londres porque le habían dado una beca de ballet. Hoy esta modernísima pareja de madrileños apenas treintañeros no necesita presentación porque le ha dado a su atribulada ciudad el arreón de prestigio internacional, de ruido mediático y de autoestima que no ha sabido conseguir en los últimos años ninguna de las nutridísimas misiones municipales –y espesas, añadiría Rubén Darío– a Buenos Aires para ensalzar el café relajante. Tras los revolcones olímpicos y el vandalismo basurero, se ha agradecido mucho.

Por si no habían caído aún, la cosa es que gracias a los Muñoz-Montero y a las dos docenas de artistas de la gran cocina que los rodean en Diverxo, Madrid ya alberga un tres estrellas Michelin, por primera vez en casi 20 años. Y mientras algunos listillos se mofan de que David solicite ahora algún tipo de patrocinador –¿un hotel, una empresa agroalimentaria?– para seguir en Madrid, habrá que recordar que ese gran restaurante es pura iniciativa privada, puro sacrificio casi ascético de unos chicos que llevan seis años trabajando 16 horas al día y se han puesto a sí mismos sueldos de 1.500 euros porque tienen tantos empleados como comensales, se gastan la mitad de lo que ingresan en hacer sin más la compra y siguen ofreciendo menús de menos de 100 euros.

Fama mundial sin subvenciones. Lógico, en el fondo, que algunos se rían: esas cosas, en España, se han olvidado.

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