Laura Fàbregas

Existir antes de la Constitución

"Ambos extremos, que hoy desafortunadamente polarizan la política española, se basan en la creencia de que hay una fuente genuina de legitimidad anterior al contrato social constitucional"

Opinión

Existir antes de la Constitución
Foto: QUIQUE GARCIA
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

En algunos círculos del nacionalismo español se predica la idea de que la “nación española” es anterior a la “Constitución”. Y, en consecuencia, menosprecian la palabra “constitucionalista” relativa a defender los valores liberales y el Estado de Derecho. En estos círculos se prioriza una nación anterior al concepto civil -y civilizador- de ciudadanía.

Los defensores de esta imperecedera nación, sea cual sea, tienen razón solo en la medida de que nadie puede aspirar a crear una comunidad cohesionada únicamente con la Ley. Y por eso no fue nada descabellado las afirmaciones de Pedro Sánchez tras su reunión con Torra de que “con la ley solo no basta”. Hay que hacer política.

Sin embargo, apelar a un supuesto pueblo español o catalán, y a sus instituciones milenarias y “anteriores a la Constitución” (Laura Borràs, dixit) o a unos supuestos “rasgos físicos” o “lengua propia”, como dijo la alcaldesa de Vic, Anna Erra, solo tiene un nombre, que es nacionalismo. Y del rancio.

Una cosa es tener en cuenta la historia e idiosincrasias culturales que han derivado en instituciones de autogobierno, que la mayoría de españoles, por cierto, no discute. Pero cosa muy distinta es que de allí emane un supuesto derecho iusnaturalista que reemplace el contrato social entre diferentes pero iguales ante la ley.

Cuando la señora Borràs trata de infravalorar la Constitución usa el mismo argumento de los nacionalistas españoles cuando muestran su orgullo por el glorioso Imperio que fue España en épocas pasadas. Ambos extremos, que hoy desafortunadamente polarizan la política española, se basan en la creencia de que hay una fuente genuina de legitimidad anterior al contrato social constitucional.

Toda Carta Magna suele nacer de un acuerdo de mínimos entre distintos, donde se reflejan las presiones, limitaciones, miedos y fantasmas que sufrió cada país en el momento de su redacción. La Constitución española, con todas sus imperfecciones, fue un pacto rubricado por la mayoría de catalanes. No se les excluyó ni de su redactado ni en su sufragio.

Ante los argumentos esencialistas del nacionalismo, hay que recordarles que nadie puede tener más ni menos derechos por “existir antes de la Constitución”. Esta es solo una versión renovada del tan racista “llegué antes que tú”.

Más de este autor

Monedero y el pueblo

«Ya sabemos que el hombre, en masa, es más parecido a un chimpancé que a un ser racional»

Opinión

Más en El Subjetivo

Anna Grau

Corona y espinas

«Afirmaba el bueno de Bagehot que un sistema o entramado constitucional, para funcionar como Dios manda, requiere de una parte ‘digna’ y de una parte ‘eficiente’».

Opinión

Aloma Rodríguez

Agosto y una biblioteca

«Por contaminación con el periodismo, tiene aire de ser histórico, tal vez el fin de una época; pero desde dentro todo parece apacible y hasta hay una agradable brisa»

Opinión

José Antonio Montano

Solución de leyenda

«El juicio de la historia será positivo, incuestionablemente. Posibilitó la democracia en España, que vivió en paz y prosperidad durante su reinado. Le gustaron además las mujeres y el dinero»

Opinión