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Fauna y flora: el holandés faltón

Foto: Owen Williams | Unplash

Habrán leído la noticia, y si no se la resumimos aquí: hay un ciudadano holandés que lleva años viviendo en Barcelona y que acaba de tener sus cinco minutos de gloria publicando un libro titulado ‘It is not what it is. The real (S)pain of Europe’. Es decir, ‘Esto no es lo que es’ (sí, no queda muy claro), y luego un hábil y originalísimo juego de palabras con Spain y ‘pain’ (dolor). El tipo se llama Vincent R. Werner y lo que cuenta es que España es un país ineficaz, corrupto, una calamidad y un peligro para la UE. Eso sí, sus historias están plagadas de mentiras palmarias, como que la prensa española ha revelado que la crisis de 2008 devolvió a España “a los niveles más altos de pobreza desde la II Guerra Mundial”, cuando en realidad ese bulo lo propagó Russia Today, la factoría de trolas de Vladimir Putin.

Parece que algún negocio que intentaba pero que no acabó de cuajar por trabas administrativas -y, sí, nuestra Administración es muchas veces una castaña… hasta que la comparas con la italiana o la griega, claro- irritó a Werner y le inspiró su pequeño y marginal ‘aggiornamento’ de la Leyenda Negra.

Pero es que hay más, o eso le parece a este cronista. Pese a su secular inquina con nosotros, es muy improbable que un inglés o un francés fuese en 2018 a publicar un libro así. Pero un holandés… un holandés quizá sí. Hay en su cultura una capacidad de invectiva, de lo que por nuestro sur llaman ‘mala follá’, bastante notable. Junto a tantos aspectos admirables, a haber producido a excelsos y delicados genios como Vermeer, Frans Hals o Rembrandt, hay en esa cultura una veta desgarrada de mala baba, un pronto despreciativo muy especial.

Algunos hábitos holandeses se nos suelen escapar a los de fuera porque no entendemos su idioma, tan gutural y con una jota tras otra. Cuando un conductor neerlandés le hace una pirula a otro, éste le suelta una retahíla de jotas y nos imaginamos que le está tratando de mala bestia, y sin duda que también. Pero no nos percatamos de que también le habrá dicho algo que se grita a diario en Holanda cuando una discusión sube de tono: allí se desea que el otro contraiga una enfermedad horrible y se muera de ella: “¡Que te maten unas viruelas!”. “¡Espero que pilles un tifus y te mueras!”.

Oigan, que es así, que no nos lo estamos inventando. En Holanda es totalmente habitual insultar a base de desear una muerte horrible al prójimo. Comparado con ello, el librito de Werner ha sido bastante comedido. Debe de ser el efecto balsámico y benéfico de su larga estancia en España.

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