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¿Felices para siempre?

Con el paso del tiempo parece que todo se haya enfriado, que los pequeños detalles ya no son importantes en muchas ocasiones, o que son motivo suficiente para empezar cualquier discusión.

¿Por qué ya no te amo? ¿Por qué estar contigo si ya no estoy enamorado/a de ti? Más allá de la atracción física propia de nuestra naturaleza instintiva y reproductiva, ¿qué ocurre con el sentimiento de enamoramiento? ¿Dónde están aquellas mariposas, aquel nudo en la garganta, aquella tolerancia y optimismo que superaba cualquier razón, esas “ganas de nada menos de ti”? Antes estar juntos era suficiente, y ahora...

Con el paso del tiempo parece que todo se haya enfriado, que los pequeños detalles ya no son importantes en muchas ocasiones, o que son motivo suficiente para empezar cualquier discusión. Pero es que a veces ya no quedan ni las ganas de discutir. La rutina y el cansancio alimentan la inapetencia. “Da igual, ella ya sabe que la quiero. No importa.” A menudo nos justificamos diciendo que la pasión es cosa de los que empiezan. “Al cabo de un tiempo llega la realidad del día a día. Entonces te darás cuenta.”

El sentimiento de enamoramiento no está en manos del azar, ni de la fortuna, ni del tiempo, ni de los flechazos de Cupido. El sentimiento de enamoramiento y la necesidad de dar y recibir amor no depende de lo que dices ni de lo que piensas, depende de lo que haces. Igual que cuando tienes necesidad de alimentación o de descanso acudes a la nevera o te echas a dormir y estos actos se traducen en una serie de sentimientos agradables, lo mismo ocurre con el amor. Todo depende de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Si tiene solución: ¿por qué te preocupas? Si no tiene solución: ¿por qué te preocupas? Descubre lo que te gusta y aprende a pedirlo. Deja de sacrificarte, de ceder. Aprende a pactar ¡Ocúpate!

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