THE OBJECTIVE
Melchor Miralles

Feliz Navidad

Un título nada original. Es deliberado. Porque a veces lo más sencillo es lo más directo y lo más claro. Es la expresión de un deseo que disparo desde el corazón. El corazón de un creyente descreído, distanciado hace mucho de la jerarquía de la Iglesia Católica, pero respetuoso con las creencias de todos, sobre todo con las de quienes no comparten las mías. Un deseo para todos, sobre todo para aquellos que lo van a pasar mal, que van a nadar entre la melancolía y la tristeza, para los nadie que seguirán muriendo la vida otro año más mientras por aquí nadamos en la abundancia, más pobres, pero en la abundancia.

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Feliz Navidad

Un título nada original. Es deliberado. Porque a veces lo más sencillo es lo más directo y lo más claro. Es la expresión de un deseo que disparo desde el corazón. El corazón de un creyente descreído, distanciado hace mucho de la jerarquía de la Iglesia Católica, pero respetuoso con las creencias de todos, sobre todo con las de quienes no comparten las mías. Un deseo para todos, sobre todo para aquellos que lo van a pasar mal, que van a nadar entre la melancolía y la tristeza, para los nadie que seguirán muriendo la vida otro año más mientras por aquí nadamos en la abundancia, más pobres, pero en la abundancia.

Un deseo en especial para quienes profesan otras religiones y creencias, para los que ya han celebrado su fiesta o los que lo harán en unos días, para los que no celebran nada. Y para quienes desde la Administración municipal madrileña han acreditado su insolvencia intelectual tratando de modificar el sentido de una fiesta que es la que es, cristiana, les guste o no, y que aquí en España celebran una inmensa mayoría de los ciudadanos, a quienes les gustaría que los representantes democráticamente elegidos les dejasen en paz.
Iba a haber firmado el artículo como Melchora, pero no quiero reirle la gracia, y la desgracia, a quienes dedican su tiempo como funcionarios no al servicio público, sino a la revancha y el sectarismo, a jugar a ser modernos mostrando una ignorancia supina y un escaso conocimiento de las reglas de la convivencia y el respeto.
No me gusta la Navidad. Nunca me ha gustado. Incluso me genera algo de tristeza inevitable. Pero trato de alegrarle la vida a los demás. A quienes disfrutan tratando de joderle al prójimo unos días que les son propicios les diría que dediquen su tiempo a tareas más constructivas.
Y lo dicho. feliz Navidad. A todos (que incluye a todas).
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