Aloma Rodríguez

Ficción contra Trump

Una próspera abogada demócrata está en su casa frente al televisor viendo la toma de posesión como presidente de Estados Unidos de Donald Trump. No puede soportarlo y apaga la tele. Como si no verlo fuera a convertirlo en mentira. Así empieza The good fight, de Michelle y Robert King, spin-off de The good wife, protagonizada por Diane Lockhart, la abogada que ve cómo su mundo se tambalea, cómo una estafa millonaria se lleva por delante sus ahorros (y con ellos su plan de jubilación en Europa) y cómo se ve obligada a seguir trabajando. El mundo se ha vuelto loco es una de las frases que más repite a lo largo de la serie. Lockhart se debate entre entregarse también a la locura o tratar de mantenerse estable, al menos en su parcela. Me he enganchado este verano a la serie –desde Juzgado de guardia, que veía de pequeña con mi hermano y mi madre por las noches, me gustan las series de abogados–. Mi madre, mi hermana y yo la llamamos “la serie de las abogadas” porque los personajes mejor construidos y que llevan la carga narrativa son mujeres (y abogadas).

Opinión Actualizado:

Ficción contra Trump
Foto: CBS
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Una próspera abogada demócrata está en su casa frente al televisor viendo la toma de posesión como presidente de Estados Unidos de Donald Trump. No puede soportarlo y apaga la tele. Como si no verlo fuera a convertirlo en mentira. Así empieza The Good Fight, de Michelle y Robert King, spin-off de The Good Wife, protagonizada por Diane Lockhart, la abogada que ve cómo su mundo se tambalea, cómo una estafa millonaria se lleva por delante sus ahorros (y con ellos su plan de jubilación en Europa) y cómo se ve obligada a seguir trabajando. El mundo se ha vuelto loco es una de las frases que más repite a lo largo de la serie. Lockhart se debate entre entregarse también a la locura o tratar de mantenerse estable, al menos en su parcela. Me he enganchado este verano a la serie –desde Juzgado de guardia, que veía de pequeña con mi hermano y mi madre por las noches, me gustan las series de abogados–. Mi madre, mi hermana y yo la llamamos “la serie de las abogadas” porque los personajes mejor construidos y que llevan la carga narrativa son mujeres (y abogadas).

Pero esa no es la única razón por la que me gusta la serie: evidentemente, las tramas sobre tensiones sexuales resueltas o no cumplen su cometido, pero lo que más me gusta es que es una serie sobre la estupefacción ante la victoria de Trump y las dispares consecuencias de sus políticas: por ejemplo, gracias a la bajada de impuestos de Trump, a la que ella se opone, Diane Lockhart recupera su situación económica mucho más rápido de lo que esperaba. No sé si voluntaria o involuntariamente, pero la serie funciona también como un retrato de las contradicciones de los liberales estadounidenses. Es una puesta en escena de algo de lo que habla el ensayista británico John Gray –y que me deprime profundamente–: la incapacidad de los liberales de comprender por qué ha ganado Trump y, por tanto, actuar en consecuencia. Si no reaccionan rápido, augura Gray, volverá a ganar de nuevo en 2020.

En la serie aparecen el racismo, la visa Einstein concedida a Melania Trump, la leyenda de los vídeos (entre ellos, el de la lluvia dorada en el Ritz de Moscú con prostitutas), el endurecimiento en la aplicación de las políticas de inmigración, la alt-right, las webs de noticias falsas y el #MeToo. También retrata a algunos trumpistas, cuya lealtad se ve recompensada con más poder, como auténticos idiotas. Es probablemente demasiado caricaturizado, pero la posibilidad de que sea verdad convierte la risa en pánico. Cuando en la segunda temporada de The good fight se desvela que los demócratas están preparando el impeachment contra Trump, pero para después de las elecciones al senado de 2018, deseé que fuera verdad. Como bovarista, tiendo a confundir la realidad y la ficción. Pero la ficción, aunque no sea la verdad, a veces cuenta cosas que no se pueden contar de otra manera.

Más de este autor

La invención del cine

«Lo que los Lumière inventaron y lo que echamos de menos ahora no son solo las películas, sino esa especie de rito laico e individual que, en cambio, funciona en conjunto, o funciona también en conjunto»

Opinión

Más en El Subjetivo

Laura Fàbregas

¡Oh, Europa!

«’Parliament’ desnuda a españoles, italianos, ingleses o alemanes. Como en toda comedia, amplifica sus defectos de forma extrema. También los de la política europea.»

Opinión

Victoria Carvajal

De Wall Street al ‘Main Street’

«Para poder dar un verdadero vuelco al deterioro social y económico, Yellen necesita desbloquear cuanto antes el paquete de estímulo para reactivar la economía por valor de 900.000 millones de dólares, pero cuya aprobación que aún divide al Congreso»

Opinión