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Fisuras en los bloques

"Arrimadas no lideraba ninguna corriente y nunca fue la alternativa a Rivera, sino su fiel escudera. Pero, precisamente por eso, puede ahora intentar hacer lo que está haciendo y mantener relativamente unido al partido"

Foto: Ciudadanos | EFE

La polarización y la fijación de los bloques en el panorama político español han llegado a tal exceso que un apoyo puntual a la extensión de un Estado de Alarma, durante una pandemia que ha acabado con la vida de más de 27.000 personas en España, causa sorpresa y es capaz de monopolizar la agenda mediática y convertirse en TT en Twitter. El apoyo a la extensión de dicho paraguas jurídico por parte del menguado pero potencialmente determinante grupo parlamentario de Ciudadanos ha merecido elogios a un lado e incomprensión e insultos al otro. Incluso ha sido el motivo esgrimido por el diputado Marcos de Quinto para dejar el partido. En la prórroga previa lo fue para el exportavoz parlamentario Juan Carlos Girauta. Que una decisión tan razonable haya causado tantos revuelos internos desde su ala menos centrista es una muestra más de lo lejos que había llevado Albert Rivera a su partido en determinada dirección, en fondo y formas.

Mucho se ha especulado sobre el posible cambio de mayorías en el Congreso, donde una ERC pendiente de su objetivo de la Generalitat –al que subordina su papel en la mayoría del Congreso, por más que finja lo contrario y se excuse hablando de principios– perdería peso en función de la gradación del giro de Ciudadanos y de su disposición o no a negociar y aprobar unos Presupuestos para 2021. Es imposible saberlo aún, porque el ambiente general y el de parte de algunos medios más o menos afines son crecientemente hostiles hacia dicho movimiento. Casi todo conspira contra el regreso de Ciudadanos a una posición más acorde a sus propósitos iniciales y a las ideas políticas de su familia política europea. Será importante algo tan aparentemente añejo en el análisis político como el liderazgo, cualidad que Inés Arrimadas sí parece dispuesta ejercer, y que a decir de los últimos sondeos, le está reportando beneficios en valoración personal y en caudal de votos hacia su formación. Está ganando crédito externo y tiene algo de su parte: que no parece haber demasiadas alternativas, estando todo lo que hay a su derecha ocupado y con dos referentes con los que hoy es imposible que pueda competir.

No han sido pocos los que han llamado la atención sobre el hecho de que Arrimadas fuera la número dos de Rivera, y que en muchas ocasiones pareciera incluso ir más allá que su entonces líder en cuanto a su hostilidad a pactar con el PSOE, en su estrategia por liderar el bloque derecho o en el abuso del lenguaje y el tono crispado. Arrimadas no lideraba ninguna corriente y nunca fue la alternativa a Rivera, sino su fiel escudera. Pero, precisamente por eso, puede ahora intentar hacer lo que está haciendo y mantener relativamente unido al partido. Sin esa actitud previa, seguramente no habría podido optar a liderar su formación, y hoy no tendría la legitimidad y el crédito interno que le permite iniciar el lento giro del trasatlántico. Si el presidente francés Charles de Gaulle pudo conceder la independencia a Argelia en 1962 fue, precisamente, porque se había opuesto a ella antes y tenía ascendiente sobre muchos de los que la rechazaban.

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