David Mejía

Flaco favor a los hombres trans

«Resulta paradójico que la Administración siga haciendo políticas «para mujeres» mientras tramita una ley que permitirá la libre transición a -y desde- esa categoría»

Opinión

Flaco favor a los hombres trans
Foto: @kylewilliamurban| Unsplash
David Mejía

David Mejía

Licenciado en Filosofía y Teoría de la Literatura. Ahora en Columbia University. Hace radio en WCKR FM 89.9 FM, New York.

No he querido saber, pero he sabido que Renfe lanzaba un programa de descuento destinado solamente a las mujeres; que la Ministra de Igualdad propondrá la gratuidad de las matrículas de las carreras científicas y técnicas para mujeres, y que el Ayuntamiento de Cádiz solicitó un informe para estudiar si la pasarela de madera de la playa de Cortadura «garantizaba la equidad de género». Resulta paradójico que la Administración siga haciendo políticas «para mujeres» mientras tramita una ley que permitirá la libre transición a -y desde- esa categoría.

La aprobación de la llamada Ley Trans hará posible que quienes consideren que su sexo biológico no corresponde a su sexo sentido puedan proceder al cambio registral sin someterse a los patologizantes trámites hasta ahora necesarios. Toda medida que sirva para aliviar dolor y mitigar estigmas sociales debe ser bienvenida, pero sus efectos secundarios no deben ser ignorados.

Un sector del feminismo se ha manifestado en contra de la auto-asignación de género por considerar que, al disociar el género del sexo biológico, la categoría de mujer se disolvía, y con ella varios siglos de lucha feminista. El argumento es poderoso: las personas no han sido históricamente discriminadas por su género sentido, sino por su sexo biológico. Y la labor del feminismo consiste en igualar en derechos a la mitad históricamente discriminada, es decir, las mujeres.

No pretendo entrar a los pormenores del debate, pero sí detenerme en un colectivo concreto: los hombres trans. Es decir, las personas que nacieron mujeres pero se identifican como hombres. ¿Por qué reparo en ellos? Porque considero que las políticas actuales desprecian su coraje.

Por una parte, es evidente que la implementación de programas como el de Renfe o la propuesta de hacer gratuitas las matrículas en ingeniería para las mujeres perjudicará a los hombres trans, un colectivo suficientemente discriminado. Si se trata de empoderar colectivos, no podemos desincentivar la transición de las mujeres que se sienten hombres privándolos de derechos en cuanto sellen su nueva identidad en el Registro. ¿Qué motivación puede encontrar para transicionar una mujer que quiere estudiar ingeniería química y disfruta viajando en tren?

La Ley Trans se ha criticado aludiendo a los incentivos que podrían sentir algunos hombres para convertirse registralmente en mujeres: competir en deporte femenino, acceder a becas, ayudas o puestos, e incluso a espacios íntimos, como vestuarios o probadores. Pero los mismos motivos que pueden incentivar a un hombre a transitar a mujer desincentivarán a una mujer a transitar a hombre.

Y si vivimos en una sociedad en la que no sale a cuenta hacerse hombre, quizá tengamos que revisar algo más que la Ley Trans.

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