Jesús Nieto

Francisco: el sermón de las tortas

"Cuando el Papa Francisco reprende con pellizcos de monja a la feligresa asiática, nos está dando una lección de amor. Una lección de amor y de Teología"

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Francisco: el sermón de las tortas
Foto: Vatican Media| Reuters
Jesús Nieto

Jesús Nieto

Escritor, periodista, actor de doblaje y madrileño por narices. Ciclista de a diario. Blanco o colchonero según la digestión. Romántico rompedor de los tópicos.

El gesto del Papa Francisco en Roma es nuestro gesto. Acaso es porque San Pedro tenía carácter, Jesús la lió con los mercaderes del templo, los Borgia tenían más sombras que luces y de Wojtyla sólo sabemos que excomulgó por sistema. Pero es que cuando el Papa Francisco reprende con pellizcos de monja a la feligresa asiática, nos está dando una lección de amor. Una lección de amor y de Teología, que ya San Ignacio dijo que en todo amar y servir, y no que una beaturrona del Sol Naciente agarre las sacras vestimentas en no sé qué milagrería ‘millenial’.

Francisco no es un intelectual, tiene arrebatos de populismo, pero la cosa es que ya tardaba el ateísmo militante y los que fueron numerarios en reprenderle por las redes al Pontífice que tuviera un comprensible arrebato de ‘barra brava’. La infalibilidad del Papado consiste en eso: en controlar la Banca, en mirar que las diócesis no se vicien en lo nefando y en soltarle en los vuelos transoceánicos una homilías cachondas a los chicos de la prensa de Roma, que siempre son los mismos y trabajan poco y escriben con amor, caridad y una afectación sonrojante.
Los papas se ponen tricornios, aguantan la mundial, reciben a los capillitas de Andalucía y comen merluza a la plancha y beben ‘chianti’ sin consagrar. Francisco llegó al trono de Pedro y así lo vemos sonriente en las fotos oficiales en los colegios sacros de mi Castilla. Espantar a una beata, aun con malos modos, acerca al Hombre a Dios y lo aleja de la psicomagia. La Iglesia se adapta así, a arreones y a concilios.
Francisco nos ha felicitado el año nuevo y yo espero llamada de la Santa Sede para conversar con él del carajal que nos aguarda aquí, en tierra de María Santísima.

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