Nuria Val

El futuro en manos de ERC o Cs

«¿Se imaginan que un partido que busca independizarse de España defina el futuro de nuestro país?»

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El futuro en manos de ERC o Cs
Foto: Paul White| AP
Nuria Val

Nuria Val

Periodista. Reflexiono a partir de la intrahistoria política. Dame un buen libro en la montaña. En constante aprendizaje.

¿Se imaginan que un partido que busca independizarse de España defina el futuro de nuestro país? ¿Y que el centro mermado tenga más poder que el principal líder de la oposición? Los socialistas prefieren pactar los Presupuestos con Ciudadanos, mientras que Podemos prefiere a los independentistas y a Bildu.

La negociación María Jesús Montero-Nacho Álvarez se puso interesante estos días cuando ambos estiraron de la cuerda a la hora de pactar las medidas fiscales. Los morados buscan incluir la subida del último tramo del IRPF a las rentas más altas para atraer a sus socios de investidura. Mientras, la titular de Hacienda no está por la labor de subir impuestos ahora para convencer a la formación de Inés Arrimadas.

Los de Iglesias siguen temiendo el acercamiento a los naranjas y cada vez se creen más aquello que bautizó Rufián como la ‘Operación salvar a Cs’. Fuentes socialistas no niegan que, si Cs se refuerza, su partido podría tener en el futuro a un posible aliado a quien elegir como socio preferente para gobernar. El PSOE volvería a contentar a aquellos votantes socialdemócratas avergonzados con el actual Gobierno de coalición por la figura de Iglesias. Un plan donde Podemos queda fuera de la ecuación y, por ello, se afanan estos días en conseguir unas cuentas a la medida de las peticiones de sus socios de investidura.

El acercamiento de presos de ETA y la mesa de diálogo con Cataluña como primeras concesiones para apurar al máximo los plazos y que todo se dirima con los nervios de la última hora. Se verán más guiños y maniobras de despiste. Es ahí donde los socialistas se desenvuelven como pez en el agua. Mientras en Cs se empiezan a cansar y piden al Gobierno que se decida ya entre ‘papá o mamá’, los de Sánchez juegan a estirar el chicle y a hacer guiños a uno y otro en las sesiones de Control al Gobierno.

Y es que hemos llegado a un punto donde la mediocridad hasta se recomienda. La teoría de Peter, desarrollada tras la Segunda Guerra Mundial, asegura que los procesos sistémicos favorecen a aquellos que con niveles medios de competencias desplazan a los más competentes al mando. La pandemia ha traído aparejada un orden mediocre completamente aislado de la realidad que se establece como modelo, donde la autocensura es obligatoria.

El presidente del Gobierno asegura que “estamos en un nuevo mundo” donde “la unidad es imprescindible”. Sin embargo, la alianza entre las principales fuerzas políticas para diseñar un plan robusto ante la que se nos viene encima brilla por su ausencia. Falta entendimiento y diálogo. El contacto Sánchez-Casado es inexistente y el Gobierno de coalición cae en su propia trampa. Exige al ciudadano adaptarse y al empresario innovar, mientras sigue sin variar su hoja de ruta pactada antes de la pandemia. Las medidas paliativas no son suficientes y en Europa toman nota. El Ejecutivo permanece ensimismado.

Con más de 5.000 contagios en toda España, la prioridad del vicepresidente Iglesias es derribar la Monarquía y la de la vicepresidenta Calvo es gastarse 750.000 euros para desenterrar el pasado dejando morir al futuro. Mientras, se hunde el turismo —la memoria reciente—, nuestro principal motor que arrastra al 28% de la actividad económica española.

El gran fallo de este Gobierno es intentar cambiar a la sociedad sin considerar los efectos de esos cambios en el capital moral. La gente ya está muy harta de ‘performances’ pidiendo unidad. El Gobierno de coalición sigue atrapado y ciego frente a aquellos que buscan su propio beneficio. Ahora más que nunca urge un proyecto estratégico que defina el horizonte y refuerce la idea de España. Dice Vila-Matas que la inteligencia es el arte de saber encontrar ese pequeño hueco por donde escapar de la situación que nos tiene atrapados. Cabría preguntar a Sánchez con quién anda estas semanas tan cruciales para conocer el futuro que quiere para España.

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