Carmen Guitian

Guerra de almohadas

Al conocer el evento de la guerra global de almohadas, me pareció una noticia intrascendente, pero después de reflexionar sobre ella, he llegado a la conclusión de que sería maravilloso que la única guerra noticiable en el mundo fuera, la de las almohadas.

Opinión

Guerra de almohadas

Al conocer el evento de la guerra global de almohadas, me pareció una noticia intrascendente, pero después de reflexionar sobre ella, he llegado a la conclusión de que sería maravilloso que la única guerra noticiable en el mundo fuera, la de las almohadas.

El pasado 4 de abril se celebró, a nivel mundial, el “International Pillow Fight Day”, es decir “El día Internacional de la Guerra de Almohadas”. 

Multitud de personas en Londres, Madrid, Nueva York, Ámsterdam, Shanghái o Buenos Aires participaron en esta fiesta, cuyo fin es reclamar espacio público en las ciudades,  para su uso no comercial, y animar a la gente a realizar actividades lúdicas al aire libre.

Para formar parte de este evento gratuito solo debes acudir, a la hora acordada, al lugar escogido con una almohada. Concretamente en Madrid se reunieron el pasado sábado a las 18:00 en la Plaza de España.

A partir de este momento, podrás empezar a pegar almohadillazos a todos los que tengas alrededor, solo debes cumplir una serie de reglas, cuatro en concreto:

1)     Las almohadas deben ser blandas.  Lo que se persigue en esta fiesta es divertirse y que los participantes puedan segregar la mayor cantidad de endorfinas, estas hormonas de la felicidad de las que carecía Andrea Lubitz, que sumido en una terrible depresión decidió: “matarse–matando” a 149 inocentes, 149 vidas truncadas, con las que eligió realizar ese último viaje.

2)     Se prohíbe golpear a los demás con cualquier otro objeto que no sea una almohada. Ojalá los residentes de Sanaa, en Yemen, hubieran sido bombardeados con almohadas. Si así hubiera sido, no tendrían ante ellos, el paisaje desolador provocado por los bombardeos aéreos de la Alianza Árabe hace tres días. Todavía no hay un recuento de muertos y heridos, pero se cree que por lo menos se produjeron más de cien víctimas mortales.

3)     Únicamente puedes golpear con tu almohada a los participantes del evento. Esta tercera norma, me trae a la memoria la suerte que están corriendo los refugiados palestinos del campo de Yarmuk, en Siria. Asediados y envueltos en una guerra, que no es la suya, han sido atacados por los Ejércitos Yihadistas. Atrapados en este campo, 18.000 civiles, 3.500 de ellos niños, sin alimentos, ni armas con las que defenderse. Estos inocentes saben, que si los yihadistas se aproximan a la línea del Ejército Sirio, este último, no dudará ni un segundo, en bombardear y destruir totalmente Yarmuk.

4)     Medir la fuerza, con la que se golpea con la almohada.  Asistirá mucha gente y puede haber momentos de agobio.  Agobio y pánico, es lo que sintieron, el pasado jueves sobre las 5:30, los estudiantes cristianos de la Universidad de Garissa, en Kenia. Dormidos muchos de ellos, con sus cabezas descansando sobre sus almohadas, despertaron por los disparos del grupo islamista Al Shabab. La masacre se cobró  la vida de 148 estudiantes.

Al conocer el evento de la guerra global de almohadas, me pareció una noticia intrascendente, pero después de reflexionar sobre ella, he llegado a la conclusión de que sería maravilloso que la única guerra noticiable en el mundo fuera, la de las almohadas. 

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