Gabriel González-Andrio

Guerra de poder  

Hace poco tuve ocasión de conversar con Milena Uhlmann, investigadora de la Universidad Humboldt de Berlín. Para esta experta en conversión y radicalización islámica, la solución sólo puede venir de dentro. Uhlmann considera que “las comunidades musulmanas deberían promover contra-narrativas que muestran que lo que el EI y sus ramificaciones representan es una caricatura perversa, asesina, hipócrita y hereje del Islam”.

Opinión

Guerra de poder   

Hace poco tuve ocasión de conversar con Milena Uhlmann, investigadora de la Universidad Humboldt de Berlín. Para esta experta en conversión y radicalización islámica, la solución sólo puede venir de dentro. Uhlmann considera que “las comunidades musulmanas deberían promover contra-narrativas que muestran que lo que el EI y sus ramificaciones representan es una caricatura perversa, asesina, hipócrita y hereje del Islam”.

Llegan (buenas) noticias de Oriente Medio. Los talibanes y los partidarios del Estado Islámico se han declarado la guerra. Lo mejor que podía pasar es que ambos grupos se causaran bajas en su particular carrera por imponer la yihad. En la guerra, al igual que en política, lo peor es cuando el enemigo está dentro. Es lo más destructivo y difícil de extirpar.

Las fuerzas aliadas internacionales van a tener ahora su mejor aliado a sus otros enemigos. Que se maten entre ellos puede ser la solución pero también el problema, porque la paz seguirá siendo un sueño imposible para población civil. Al menos ya sabemos que las luchas de poder existen y pueden terminar frenando la ola de islamismo radical que ya ha anegado varios territorios.

La irracionalidad y la competencia de ambos grupos por dominar el mundo islámico puede acabar con ellos mismos. Si inicialmente parecieron formar una ‘entente cordidale’ contra Occidente y Estados Unidos, ahora la cosa empieza a cambiar.

Sin embargo, no parece que esta lucha de poder termine a corto plazo con el odio y la radicalización de un mensaje que sigue sumando adeptos, dentro y fuera de Oriente Medio.

Hace poco tuve ocasión de conversar con Milena Uhlmann, investigadora de la Universidad Humboldt de Berlín. Para esta experta en conversión y radicalización islámica, la solución sólo puede venir de dentro. Uhlmann considera que “las comunidades musulmanas deberían promover contra-narrativas que muestran que lo que el EI y sus ramificaciones representan es una caricatura perversa, asesina, hipócrita y hereje del Islam”.

Sea como fuere, la realidad hoy es que estamos ante un problema enquistado, un cáncer con metástasis difícil de extirpar. El hecho de que sean los propios autóctonos los que combatan al EI es positivo, ya que la entrada de tropas extranjeras sobre el terreno podría tener consecuencias imprevisibles.

La comunidad internacional tiene que apoyar a los que promueven un Islam que deje de lado la división, el enfrentamiento fratricida y el genocidio religioso. Esto solo traerá miseria, dolor y un futuro oscuro para una tierra que ya ha sufrido bastante.

 

 

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