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Hacia nuevas elecciones

Pedro Sánchez "desprecia a Podemos y no hace nada para ganarse la abstención de Partido Popular y Ciudadanos"

Foto: Emilio Naranjo | EFE
Iván Redondo ha conducido a Pedro Sánchez a una situación desesperada. Sánchez ha colocado al rocín Iglesias barreras de todas las alturas, y el jamelgo las ha saltado todas. Incluso ha prometido serle fiel al Gobierno, ¡y a España!, ante la secesión de Cataluña. Ha llegado al sacrificio personal de permitir que sea su mujer la que traiga el sueldo de ministra a casa. Parece mentira, pero Sánchez y Redondo han infravalorado la decisión de Iglesias de controlar aunque sea una parcela del poder.
Ahora se ve casi sin tiempo para una negociación entre dos opciones plagadas de minas: Podemos en el Gobierno o unas nuevas elecciones. Llamar otra vez a las urnas supone reconocer un fracaso, y le sería muy fácil a Podemos señalar que Sánchez prefirió hacernos votar de nuevo a formar un gobierno de izquierdas. Y las encuestas de ahora no tienen por qué ser las de entonces.
Podemos necesita tocar poder y forzar al Gobierno a adoptar ciertas medidas, para hacer ver a sus electores, y a los del PSOE, que el voto a Pablo Iglesias y su banda hace que se adopten medidas más de izquierdas, como imponer un salario mínimo de 1.200 euros y adoptar otras medidas laborales. Pero eso es, justo, lo que el PSOE necesita evitar: que Podemos se reivindique ante el electorado de izquierdas. Eso explica el cruel desprecio de Sánchez a Podemos y a su líder el primer día de la sesión de investidura.
Su estrategia parece pasar por exigirle a los demás un apoyo sin ofrecer nada a cambio. Ha cambiado el “no es no” por el “sí porque sí”, pero si bien era dueño del primero, el “sí” a su-persona-presidente le pertenece a otros. Desprecia a Podemos y no hace nada para ganarse la abstención de Partido Popular y Ciudadanos. La oposición no se fía de él, ni Sánchez da motivo para ello. Y los que han sido sus socios de gobierno ven cómo todas sus renuncias para seguir siéndolo, aunque ahora de pleno derecho.
Sánchez se aferra a una estrategia imposible, y que sólo puede desembocar en nuevas elecciones.

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