Aloma Rodríguez

Haz como que los escuchamos

«El Consejo Estatal de Participación de la Infancia y de la Adolescencia, según lo desarrolla el BOE, se parece a esas visitas escolares a los parlamentos regionales o al Congreso: te dejan sentarte en los sillones, te enseñan dónde está el botón para votar y en el mejor de los casos hasta te ponen el micro»

Opinión

Haz como que los escuchamos
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Siguiendo recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, el BOE del pasado 22 de septiembre anunciaba la creación de un Consejo Estatal de Participación de la Infancia y de la Adolescenciade la Infancia y de la Adolescencia. Se trata del desarrollo de la Ley orgánica de protección integral a la infancia y a la adolescencia frente a la violencia, que se aprobó en mayo. Podríamos pensar que el mismo Gobierno que mantuvo durante seis semanas a niños y adolescentes encerrados en casa durante los primeros meses de la pandemia pretende reparar la absoluta falta de consideración hacia los menores. Podríamos pensar que tal vez los gobernantes quieren reconducir la actitud general hacia la infancia y la adolescencia, que quienes en agosto de 2020 cerraron los centros socioeducativos (así sucedió por ejemplo en Zaragoza) ahora van a verse obligados a pensar desde otros puntos de vista.

El Consejo Estatal de Participación de la Infancia y de la Adolescencia, según lo desarrolla el BOE, se parece a esas visitas escolares a los parlamentos regionales o al Congreso: te dejan sentarte en los sillones, te enseñan dónde está el botón para votar y en el mejor de los casos hasta te ponen el micro. Pero no está bien visto descalzarse o quedarse mirando al techo  como un pasmarote y por supuesto no se puede sacar el bocata ahí. Quiero decir que es más bien un fingimiento, una infantilización, como esa gente que habla con voz aguda y alta a los niños o peor aún: usando diminutivos y deformaciones de palabras dando por hecho que no entienden bien. El Consejo se reunirá un mínimo de dos veces al año, estará formado por 34 representantes que habrán de presentar avales (!) de otros menores o algo así como una carta de motivación individual (!!), no necesariamente por escrito –puede ser en formato audiovisual, aclara el texto. Por supuesto, la participación se hará «en condiciones de igualdad y paridad» sin que «ninguna barrera (de género, de origen, de etnia, económica, racial, de movilidad, de funcionalidad, lingüística, etc. [las negritas son mías]) impida el acceso a la participación y que, por supuesto, los grupos sociales más vulnerables de niños y niñas también formen parte de pleno derecho». Por supuesto, se tendrá en cuenta «la representatividad territorial». Por supuesto. Vamos, que el proceso consistirá en replicar el modelo adulto para que parezca que se piensa en los menores y se atienden sus necesidades. A partir de los ocho años, eso sí, que es la edad mínima para estar en el Consejo. Quizá sería más interesante que se apoyaran procesos de participación real a escala menor que tienen lugar en los colegios y en los barrios (pienso en los caminos seguros hasta el cole, por ejemplo) donde de verdad se ponen las necesidades de la infancia en el centro, como reclaman las asociaciones y profesionales especializadas en infancia. Aunque es probable que eso luzca algo menos.

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