Laura Fàbregas

Héroes por encima de nuestras posibilidades

Este jueves, tras asistir a ese asesinato colectivo en el que se convirtió la declaración de Josep Lluís Trapero ante el Supremo, un periodista catalán e independentista de toda la vida –es decir, de los que no tienen prisa– me hablaba de la prolífica cantidad de héroes que fabrica el independentismo. El último, me decía, es el abogado Xavier Melero.

Opinión

Héroes por encima de nuestras posibilidades
Foto: EFE
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

Este jueves, tras asistir a ese asesinato colectivo en el que se convirtió la declaración de Josep Lluís Trapero ante el Supremo, un periodista catalán e independentista de toda la vida –es decir, de los que no tienen prisa– me hablaba de la prolífica cantidad de héroes que fabrica el independentismo. El último, me decía, es el abogado Xavier Melero.

Poco importa que el letrado de Forn asistiera a la manifestación constitucionalista del 8 de octubre de 2017 junto a su íntimo amigo Arcadi Espada a quien, por cierto, la Generalitat de Quim Torra ha denunciado, o que declarara ante los medios su absoluta confianza en la justicia española. Su relato era antagónico al de Jordi Pina, Andreu Van den Eynde o Jaume Alonso-Cuevillas. Es decir, no era el más apto para alimentar la propaganda nacionalista. Ha sido con la retransmisión abierta del juicio –mediante su trabajo y no proclamas– que se ha situado como la mejor defensa posible para los intereses del procés y de los procesados.

Con Melero ha pasado algo similar al héroe catalán por antonomasia: Pep Guardiola. Sus planteamientos futbolísticos que tantas victorias –también televisadas– dieron al Barça elevaron su figura. Y su discurso nacionalista lo catapultó a la categoría de semidios. Guardiola fue una de esas figuras inmaculadas de la fe nacionalista. La crítica no existía y sus dotes se extendieron fuera del campo. El seguidismo sobre su figura puso de relieve esa necesidad tercermundista de crear héroes que tiene el nacionalismo y que contrasta con la prosperidad material de la sociedad catalana. Como cualquier tribu inculta y primitiva, la Cataluña nación ha vivido de mitos intocables y se ha mostrado impermeable a los argumentos racionales para abordar el personaje, cuestionarlo o redimensionar su importancia.

Ahora este nuevo héroe coincidía en el Supremo con el héroe caído. Trapero y su “bueno pues vale, pues adiós” ante un periodista holandés enojado por el uso del catalán lo convirtió en el arquetipo del buen catalán. Parte del nacionalismo todavía dirigiere su declaración y se resiste a condenarlo como hizo con el mortal mosso Castellví. El exmajor de los Mossos no es, de momento un traidor a la patria, pero ha caído de la categoría de héroe y con toda probabilidad nadie volverá a lucir una de esas camisetas con su cara…

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